¡Pásame el acondicionador Leticia!- Le gritaba a su hermana.

¡Apúrate que yo en cinco minutos estoy lista y no quiero llegar tarde- advirtió Clara.

Clara ya había llegado tarde al trabajo en muchas ocasiones por causa de su hermana menor quien apenas comenzaba a ser una persona responsable.

Pero Clara siempre miraba bien por Leticia. Tenían una forma bonita pero directa de llevarse entre sí.

Habían llegado al norte desde pequeñitas. Las dos sin sus padres. Solo un tío las había encaminado hasta Matamoros, México.

De ahí, las niñas habían cruzado con coyote. La memoria las atormentaba, especialmente la memoria de la mujer que llamaron mama hace muchos, muchos años.

Leticia y Clara crecieron a ser mujeres en este país.

Buscaron y encontraron trabajo en un hotel como recamareras.

El día en que Clara se demoro porque Leticia no se apuraba, fueron llegando al trabajo una hora más tarde del comienzo de su turno.

Se perdieron la hora de la novela al mediodía porque su hora del almuerzo fue hasta más tarde .

Estaba Clara regañando a Leticia porque por su culpa todo el día estaba en atraso. Le decía- mira, que por tu culpa llegamos tarde y ahora si mira hasta que horas nos estamos sentando al almuerzo.

Leticia no le respondía pues los imágenes del otro lado del comedor la tenían intrigada.

¡ Que no me escuchas Leticia? Clara voltio la cabeza para mirar que es lo que sería tan importante que Leticia no le hacía caso.

Lo que miraron las hermanas, les provoco un nudo en la garganta al instante.

La pantalla del televisor en la parte trasera del comedor presentaba imágenes de niños atrapados por la patrulla fronteriza.

¡Súbele al volumen!

¿De qué se trata?

Un reportero flaco y con corbata gris anunciaba:

Semejante crisis fronteriza, miles de niños cruzan solos y en familias, una nueva ola de inmigrantes Centroamericanos…..

Las hermanas se abrazaron una con otra recordando su infancia. Tristemente se acordaban lo que habían pasado hace muchos años.

El resto del turno se les fue doblando toallas y tallando las tinas de las habitaciones en el hotel. Se tomaban pausas para limpiarse las lagrimas. La propina que dejaban los huéspedes no les hacía gracia. Fue un día emocionalmente nublado y oscuro para ellas.

A la hora de la salida se subieron al coche. En silencio permanecieron hasta llegar a casa.

Reclinada en una almohada. El mudo dio vueltas. Clara volvió al presente porque oyó que decían-

¿Vas a merendar Clara?

Si Leticia, ya voy- respondió.

Sentadas frente a frente se compartieron una empanada y bebieron té de menta.

¿Si te acuerdas cuando desaparecieron a mama?

¡ Contéstame Leticia!

Leticia le contesto a Clara- sí, me acuerdo como si fuera ayer- ella gritaba que no nos fueran a hacer daño.

¿Todavía estará tan peligroso ser niño en Honduras?

Pues mira que por algo muy serio es que se están viniendo los niños como nos venimos nosotras aquel año- contesto ella.

¡Pero esos tiempos ya pasaron! ¿no?

Sara Gurling es la directora de organización comunitaria de la Unión Americana De Las Libertades Civiles. Reconocida como activista humanitaria laboral pro-justicia, es presidenta de la organización humanitaria Ángeles de La Frontera. Ha laborado como representante de trabajadores por diecisiete años. Fue vise-presidenta del Concilio Laboral del Condado de Orange y es maestra de estudios laborales en San Diego City College.