¿Que vamos a hacer cuando nos den de alta?

¡Pues yo por mi cuenta, voy a casarme un día con mi príncipe azul! -contesto Maritza.

Hayde era menos noviera y le respondió,- !Ya olvídate de esas cosas!

Hayde y Maritza habían llegado al hospital infantil y por suerte las ubicaron en la misma habitación. Una tenia catorce años y la otra dieciséis.

La enfermera chaparrita de pupilentes verdes entro por la puerta empujando una silla de ruedas. Se dirigió con Maritza diciéndole- te esperan para tu tratamiento en la sala de quimioterapia.

¡Suerte y buen alivio!- le dijo Hayde cuando la enfermera se llevaba a Maritza en la silla de ruedas. La silla era amarilla con llantas negras que rechinaban sobre el piso del hospital.

Maritza se trato de acomodar en la silla pero los mareos la forzaron a inclinarse hacia en frente. Con un asco inevitable, se le revolvió el estomago y en esa ocasión la enfermera mejor la regreso a su habitación.

Al acostarla en la cama, la enfermera le rogó con unos cubitos de hielo que le cayeron a Maritza como bajados del cielo.

Hayde espero a que le volviera un poco el colorsito a la piel y le pregunto- ¿Maritza, ya estas bien?

Maritza le contesto- ¿de que hablas? No ves que nunca he estado mejor!

Hayde le sonrió y le dijo- ¡animo amiga, así mero!

Parecían descansar las chavitas en un profundo sueño cuando paso por ahí el doctor al atardecer.

Hayde, lo miro entre sueño y se despertó rápido para ver si tenia buenas noticias para ella.

Hayde había reaccionado muy bien a los tratamientos. Ella esperaba que el doctor le dijera que se podía dar de alta, que habían vencido sobre el cáncer.

Pero el doctor no se dirigió con Hayde, en ves, llamo a la enfermera. Le dio un jalón a la cortina para que no viera Hayde cuando le cerro los párpados a Maritza y en vos firme le dicto a la enfermera- hora oficial de fallecimiento- 4:55p.m.

El doctor pidió que retiraran el cuerpo de Maritza.

Hayde se quedo en silencio, espantada, triste y enfurecida con la crueldad del destino.

Muchos años después, una hermosa doctora jovencita se presento a su primer día de trabajo en un hospital del área metropolitana de una grande ciudad.

Había estudiado pediatría. Toda su preparación y sus experiencias con una enfermedad cruel hace muchos años la habían inspirado para educarse y así poder ayudar a otros.

Le asignaron dos pacientes ubicados en el cuarto piso.

Ella se acerco a la habitación y miro que sus primeras pacientes serian dos jovencitas. Sonrió y se acordó de la bonita memoria de la joven Maritza.

Al entrar por la puerta para revisar a sus pacientes, escucho que una chavita le decía a la otra- ¿que vamos a hacer cuando nos den de alta?

Esta columna esta dedicada a todos los trabajadores del sector de salud que implementan un plan de tratamiento para ayudar a sus pacientes en recuperación. También les dedico esta humilde columna a los seres hermosos, valientes que luchan y vencen el cáncer y a los que han fallecido y sus familias que sobreviven sin ellos. DEP