Conducir hoy una máquina de cuatro ruedas es una tarea mucho menos complicada que hace tan sólo una veintena de años, cuando un automóvil carecía de las ayudas electrónicas que hoy mantienen el coche en su sitio, que en una transmisión hacen el doble embrague por nosotros o llegan casi a realizar el trabajo de dos a tres diferenciales para completar una tracción a las cuatro ruedas.

Pues bien, pocos, pero aún quedan algunos ejemplares en el mercado, al margen de los clásicos restaurados, que permiten aquellos estilos de manejo en los que conductor debía aliarse con las leyes de la física para llevar el coche por su sitio.

Y uno de estos escasos ejemplares es el Subaru BRZ y su pariente Toyota GT-86, dos desarrollos de este tiempo a los que se ha aplicado ˙nicamente el conocimiento adquirido por la industria en bastidores y suspensiones, con la incorporación de algún elemento electrónico del que se puede prescindir para hacer que aparezca su peculiar naturaleza dinámica.

Se trata de un deportivo coupe de motor delantero y tracción trasera, con una carrocería muy baja, movido con un motor atmosférico y calzado con neumáticos normales que acentúan esa conducción a la vieja usanza.

El Subaru BRZ es consecuencia de un desarrollo conjunto con Toyota, que comercializa el GT-86. Las diferencias técnicas entre ambos apenas existen, ya que únicamente hay variación en el ajuste de la suspensión, algo más firme en el Subaru.

El resto de las diferencias radica en el diseño, especialmente el que muestra el frontal y el formato de las Ópticas traseras. En lo demás es idéntico y el trabajo de desarrollo, dirigido en Subaru por su ingeniero jefe, Toshio Masuda, y su homólogo de Toyota, Tetsuya Tada, se centró en la combinación de deportivo de propulsión trasera, con motor no turboalimentado y neumáticos ordinarios.

Una difícil ecuación, porque se debía lograr la vieja esencia de los coches de tracción trasera con las exigencias de seguridad actuales.

El resultado está en consonancia con el propósito inicial, favorecido por la elección de la arquitectura que ha diferenciado a Subaru del resto de los fabricantes, la de cilindros opuestos, cuya característica básica es de la un tamaño menor que un motor de cilindros en línea y más ligero que puede, además, ser ubicado en una posición más baja, lo que tiene una clara incidencia en el centro de gravedad.

Llevar la tracción al eje trasero ha dado al coche un fuerte carácter, siempre y cuando se desactiven las ayudas electrónicas, para hacer aflorar una ley física que impone al conductor una formación y pericia que va más allá de la utilización común de un automóvil.

EFE

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