El Mini siempre se ha visto como un coche pequeño en el que uno puede divertirse exprimiendo chasis y motor y esta vez no iba a ser menos. En la tercera generación que se acaba de poner a la venta Mini no ha defraudado y ha montado en su versión Cooper de gasolina un motor de 136 CV, frente a los 122 de la anterior.

Se trata de un tres cilindros con tecnología Twin Power Turbo: turboalimentado, inyección directa de gasolina y sistema de regulación variable de las válvulas y control variable del árbol de levas.

Es el mismo tres cilindros estrenado en el BMW i8, aunque en este avanzado ultra deportivo híbrido rinde una potencia que muestra de lo que es capaz este 1.5 derivado. Son 231 caballos y 170 Nm de par motor.

El nuevo tri cilíndrico deriva de un clásico en BMW, el seis cilindros en línea de 3.0 litros, que tantas satisfacciones ha dado a la marca y a los aficionados, porque no hay que olvidar su versión M rondando los 350 caballos sin turbo alimentación.

Puede decirse gráficamente que el 3.0 ha recibido un corte por la mitad y ha sido adaptado a una nueva existencia con la respiración asistida (turbo alimentación) que permite asociar a esos 136 caballos del Mini un par máximo de 220 Nm que el propulsor entrega entre las 1.250 y las 4.000 rpm.

Esto significa que, desde abajo, el motor empuja con fuerza, de manera similar a como lo hace un turbodiésel, y se puede seguir estirando hasta las 6.000 rpm.

La diversión está asegurada desde el principio y es habitual que las aceleraciones y recuperaciones se materialicen con suma facilidad y suavidad, sin tirones de potencia según vayamos revolucionando el motor para ganar más velocidad.

Con estos rasgos de personalidad, a este Mini no se le atraganta ningún repecho y cuando la vía es plana se puede aprovechar la sexta velocidad para llanear y conseguir consumos de gasolina casi propios de un diesel.

Mini ha homologado un gasto medio de 4,6 litros a los 100 kilómetros, que aumenta en algo más de un litro cuando se conduce con brío, tratando de exprimir lo mejor de este novedoso motor.

Las carreteras reviradas constituyen el mejor alimento para el verdadero potencial del bastidor del Mini y, en este caso, de un motor brioso que empuja con mucha claridad desde muy bajo régimen de giro.

La transmisión muestra un buen escalonamiento y destacan la segunda y tercera relaciones, capaces de entregar potencia y estirar, ahorrando algún que otro cambio, especialmente cuando se rueda en tercera.

La caja de cambios se acciona con una palanca que transmite movimientos precisos y cortos, dos atributos que mejoran la utilización deportiva de un coche que se mantiene fiel a los principios dinámicos que históricamente han caracterizado a los Mini de todas las generaciones.

El nuevo bastidor, aún siendo de mayores dimensiones, ha reducido el peso y es más rígido, lo que neutraliza la mayor distancia entre ejes de la nueva generación Mini.

Con la nueva arquitectura del chasis se intensifica la sensación de pilotar un kart, un tipo de vehículo en el que todo se siente de manera muy directa. A bordo de un kart todo ocurre con mucha rapidez y se transmite de forma muy directa, además de que dinámicamente es extraordinariamente eficiente, difícil de sacar de sus líneas de giro. Es lo que Mini denomina “Go-Kart”.

Otra mejora introducida respecto a la segunda generación es un nuevo reglaje del esquema de suspensión, con soportes de tres recorridos de compensación.

El modelo probado lleva el Mini Driving Modes que, mediante un botón giratorio ubicado en la base de la palanca de cambios, permite elegir entre tres modos diferentes de conducción.

El conductor puede elegir entre el ajuste estándar MID Mode o los deportivos Sport y eficiente Green.

En los tres casos la selección de uno u otro incide en la curva de aceleración y en el sistema de control dinámico de la suspensión DDC.