Un coyote gordito de orejas doradas aullaba mientras la luna se destapaba de su cobertor de nubes grises. El coyote andaba solo pero en la noche fría invernal, se había percatado de un huésped de la noche campestre. Desde varios kilómetros atrás, el coyote venia siguiendo los pasos de un hombre solo que daba vueltas buscando un lugar donde pudiera refugiarse de los vientos invernales y el frío en las montañosas hectáreas que trazan la línea internacional entre un territorio dividido.

El coyote no sabe de hombres buscando fortuna ni de aquellos que huyen de la pobreza o violencia. El coyote solo ve lo que es. Hay un hombre cansado y sin dormir- con miedo de no amanecer.

En un barranco, el hombre se tropieza sobre una caja de madera. Si tuviera un cerillo, ahorita mismo hacia una fogata para calentarse.

Pero sin cerillos no hay esperanza. Además, si pasan los de verde, lo verán desde lejos. No. No debe de hacer escandalosas fogatas ni nada que perjudique el viaje.

Debajo de la caja se asoma un ratoncillo montes. Ya gruño desde ayer la cobija polvorienta que se encontraba ahí.

El coyote mira desde lejos cuando el hombre espanta el ratón y coge la cobija desesperadamente. El se tapa la espalda y con las barbillas de la orilla de la cobija se talla los dientes.

Van tres días. La carretera debería de estar cerca ya.

El coyote observa que sobre el suelo otra vez se atraviesa el mismo color de ayer.

Estamos en el mismo lugar compañero- le quisiera decir -pero el coyote no habla. Aullé y se acerca un poco mas al hombre pero lo ve sin movimiento.

Al pasar de tres días, el coyote ya flaco y aburrido de velar a su compañero de monte, mira en la distancia que se acerca una patrulla.

El hombre de verde se acerca a ver que bulto envuelto en cobija se coloco en este lugar remoto y cercano a la carretera.

Mira al coyote ahora más flaco que nunca, pues de andar siguiendo al hombre que vagaba en el monte, se le olvido buscar liebres para comer.

El flaco coyote suelta un aullido para que se aleje el hombre de verde.

Con una pedrada le dejan saber que su presencia no es deseada.

Desde atrás de un ocotillo que ayer floreaba, el coyote mira que colocan al hombre y su cobija en una bolsa blanca con cierre reflejante bajo el sol.

Polvorosa nube de arena y -adiós- es lo que comprende el coyote y aulla porque es lo único que sabe responder ante las cosas que no entiende.

*Sara Gurling es la directora de organización comunitaria de La Union American de Libertades Civiles de San Diego y Condado de Imperial. Conocida como activista humanitaria laboral pro-justicia. Es presidenta de la organización humanitaria Ángeles de La Frontera. Ha laborado como representante de trabajadores por diecisiete años. Fue vice-presidenta del Concilio Laboral del Condado de Orange y es maestra de estudios laborales en San Diego City College.