Un simple trozo de tela es, con destreza, el más versátil de los accesorios. Audrey Hepburn lo utilizó en clave sofisticada para resguardar su pelo del viento, las “it-girl” de hoy en día lo llevan como diadema al estilo “hippy” y como chal puede ser el mejor aliado para la alfombra roja.

El pañuelo adopta un amplio abanico de formatos: desde el pequeño trozo de tela que alegra la solapa de una chaqueta, a la bufanda XXL que se enrosca en el cuello a modo de boa, sin olvidar los tonos, lisos y discretos, o estampados y eclécticos.

A continuación, la infinidad de posibilidades de este simple, pero polifacético, complemento.

NO TE DESPEINES

Hubert de Givenchy decía que, en el peinado, se puede apreciar si una mujer domina con maestría las posibilidades de su “look”, y el pañuelo es un gran aliado en esta batalla.

Su musa, Audrey Hepburn, solía llevarlo doblado en forma de triángulo, acompañado por gafas de sol y atado debajo de la barbilla. Un estilo que le aportaba un aire sofisticado y relajado, por el que optó hasta el día de su segunda boda, en el que acompañó un traje de lana rosa con un pañuelo a juego para cubrir su cabeza.

Además de la protagonista de “Desayuno con diamantes”, actrices de la época como Sofía Loren, Brigitte Bardot o Grace Kelly también alegraron su cabeza con esta cómoda y sencilla forma.

Con un aire “hippy”, a modo de diadema, el pañuelo se dobla varias veces hasta obtener como una franja recta, que se coloca tapando el nacimiento del pelo y se anuda en la parte posterior. Un toque desenfadado y canalla que rebaja el más sofisticado de los “looks”.

Para las ocasiones en que es necesario resguardar la cabeza al completo, el anudado estilo pirata o el tipo turbante es el perfecto aliado. Ayuda a proteger el cabello de las inclemencias del tiempo y aporta al estilo un toque bohemio, dejando a la vista mechones de pelo.

AL CUELLO

A lo largo de la historia, el pañuelo ha sido utilizado en las zonas de climas fríos para proteger el cuello y los hombros de las bajas temperaturas. Esta temporada, la tendencia impone pañuelos tamaño XXL, al estilo manta, que, con varias vueltas al cuello, destaca y da calor.

Aunque bien es cierto que los pañuelos al cuello también pueden utilizarse simplemente como adorno. Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), es una habitual de este accesorio, que combina en sus tonalidades más alegres, para rebajar la seriedad de los trajes de chaqueta y pantalón oscuros que habitualmente utiliza.

En los momentos de ocio, también es posible utilizar el pañuelo atado al cuello al estilo de las actrices de los cincuenta. Con un modelo de pequeño tamaño, y preferiblemente en colores vivos, el pañuelo se ata al cuello con un doble nudo, aportando a la imagen un aire francés y bohemio.

DE PAREO A VESTIDO DE NOCHE

Además de actuar como accesorio, el pañuelo escala posiciones como prenda: con un poco de imaginación puede sustituir un vestido, una camiseta o una falda. En verano, el tipo pareo se convierte, con una fácil nudo, en vestido o falda, que oculta el bañador cuando es necesario y además protege del sol.

En épocas de altas temperaturas, un pañuelo de gran tamaño también puede servir, con un poco más de maña de lo habitual, como sustituto de una camiseta, aunque para evitar posibles desastres es aconsejable recurrir a la ayuda de imperdibles, broches o alfileres.

Pero el encumbramiento total del pañuelo ha llegado con su aparición en la alfombra roja, porque un chal o una “pashmina” pueden ser el complemento perfecto de un traje de noche. Lo sabe bien la actriz Blake Lively, que acompañó su vestido joya de Chanel semitransparente en la última edición de Cannes con un chal en tono crudo.

También veteranas del séptimo arte como Catherine Deneuve que utiliza el chal para aportar un toque de color a sus tradicionales vestidos negros, en un modo similar a Judi Dench, que ha convertido al pañuelo en su acompañante preferido de sus desfiles por la alfombra roja.

EFE

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