Si en la mayoría de los segmentos la competencia es dura, en el caso de los SUV es aún mayor. La gente, y los fabricantes por ende, apuestan por estos modelos, a los que las marcas les definen como aspiracionales, lo que les ha convertido en moda.

La seguridad que aporta un puesto de conducción elevado, la silueta agresiva que ofrecen, la modularidad interior que presentan similar a la de un monovolumen y la posibilidad de contar con tracción integral, que es lo menos demandado por los clientes, son las principales características de los todocamino.

En el caso de Honda todos esos ingredientes están contenidos en su SUV grande, el CR-V, que por debajo tiene un hermano menor de reciente aparición, el HR-V.

El CR-V que está actualmente a la venta se corresponde con la cuarta generación y presenta cambios notables en el diseño exterior e interior que le hacen más elegante, aunque ese refinamiento le ha hecho perder parte de la imagen de 4×4 duro y cuadradote que ofrecía.

Los cambios más destacados afectan a la parte delantera, en la que la nueva parrilla con unas ópticas y un paragolpes renovados le hacen parecer más ancho, a lo que contribuye una menor distancia al suelo que en la generación anterior y una placa protectora que le dan un toque más agresivo.

En la vista lateral es donde menos se diferencia una generación de otra, aunque en la actual hay una mayor profusión de elementos cromados que le quieren dar un diseño más moderno y de mayor calidad.

En la trasera el protagonismo es para las luces LED multifunción, que dotan al CR-V de una imagen más trimidensional, según la marca, que ha querido hacer este SUV más dinámico, de ahí el nuevo diseño de las llantas de aleación que pueden ser de 17 y de 18 pulgadas.

Una doble salida de escape iría más en consonancia con el aumento de potencia que se ha aplicado al nuevo propulsor diesel que equipa la unidad probada por Efe.

EFE

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