SAN YSIDRO.- Daniel Aarón Torres salió de la garita de San Ysidro a pie a San Diego con enorme sonrisa. Pisaba suelo estadunidense después de casi cinco años y aunque venía de desterrarse del país, se disponía a solicitar al siguiente día la ciudadanía, por haber servido a la nación en el frente de batalla.

Los soldados del Bunker, el refugio para militares expulsados en Tijuana, lo acompañaron hasta la demarcación que separa a México de Estados Unidos a la entrada de la garita.

Después siguió con un par de religiosos a la fila para cruzar, y finalmente solo, a que le revisaran documentos, una visa humanitaria por cinco años. Tardó lo que toma hacer el trámite de entrada con visa, como conseguir un permiso, pero eso fue todo, pudo pasar.

Un pequeño grupo de activistas y religiosos que le esperaba en San Ysidro se adelantó a abrazarlo, a desearle lo mejor. No lo querían soltar. Después de todo el marine originario del vecindario de la 5 y Diez de Tijuana se convertía en el primer militar deportado de Estados Unidos que regresaba con todas las de la ley.

“Soy el primero en regresar pero no voy a ser el último, ni voy a ser el único”, dijo Torres categórico a El Latino.

El joven de 30 años de edad había estado por más de cuatro años en Tijuana donde aprovechó su tiempo y comenzó a estudiar la carrera de derecho. “Quiero ser abogado y poder ayudar a mis hermanos veteranos a volver a este país por el que pelearon”, exclamó.

Mientras tanto esta semana estuvo de vuelta en San Diego y cuando acudió a su cita en la oficina de Servicios de Ciudadanía e Inmigración se sorprendió por la facilidad y rapidez con que lo convirtieron en ciudadano estadunidense.

“Creímos que le iban a decir que regresara otro día, pero no”, dijo Franco Torres, primo del marine, “entró a la cita, se tardó un poquito y salió con su certificado de ciudadanía y todo”.

Detrás del proceso se encontró la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) que gestionó la visa, la cita y la ceremonia.

Aunque el caso de Torres fue un tanto distinto al de otros militares que han sido deportados, la ACLU espera que siente un precedente para apoyar a los demás soldados que han sido expulsados del país. Según Héctor Barajas, el fundador de El Bunker, en la casa de apoyo a soldados deportados en Tijuana, deben haber por lo menos cinco mil soldados que fueron echados del país.

Torres vivía en Estados Unidos y en el 2007 se dio de alta en las fuerzas armadas. Fue enviado al frente en Irak durante tres años y cuando se alistaba para ser enviado nuevamente al frente, perdió su billetera con documentos.

Trató de recuperar identificaciones civiles y militares pero en los trámites se descubrió que cuando se e listó con las fuerzas armadas había usado un acta de nacimiento falsa. Ya no pudo conseguir documentos.

El Pentágono le dio de baja con honores, es decir que ignoró la condición migratoria del soldado que había servido en Irak y aunque ninguna autoridad se presentó a detenerlo y deportarlo, en el 2011, Torres ,sin documentos ni empleo, decidió irse voluntariamente del país.

Con el tiempo se unió a los soldados en el Bunker de Tijuana, donde recibió el apoyo de la ACLU. Ahora que es ciudadano estadunidense puede incluso vivir en Tijuana mientras termina su carrera de abogado. Entonces seguirá la siguiente batalla del soldado, revalidar en Estados Unidos sus estudios que hizo en México. Pero Torres dice que nada lo va a detener en su decisión de ejercer para ayudar a los veteranos deportados. La deportación “es como otro frente, también ahí estamos hermanados”, declaró.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com