Después de vivir constantes abusos conyugales durante más de 13 años, Monserrat Galván terminó deportada, despojada de sus hijas, sola y sin recursos en Tijuana. “Los abusos comenzaron desde el día en que me casé”, en el 2001, platicó la madre de dos hijas de 1 y 13 años de edad.

Era un matrimonio de indocumentados del estado de Guanajuato, México, que llegó a Carolina del Norte a procurar un mejor nivel de vida. Ambos trabajaban. Poco antes de cumplir un año en Estados Unidos nació la primera de las hijas.

“Yo pensé que con la llegada de la niña él iba a cambiar, y sí, efectivamente, tuvo un cambió, pero para mal, se volvió más agresivo”, recuerda ahora Monserrat. El esposo la celaba constantemente, la agredía por detalles tan sencillos como si Montserrat se acababa de bañar y él suponía que era “para gustarle a un amante”. “Eran puras cosas fuera de la realidad; no sé cómo podía pensar esas cosas”.

Nació la segunda niña hace 11 años y tampoco hubo algún cambio que ayudara a la familia.

¿Pero por qué usted no lo dejó?, preguntamos a Montserrat. “Porque él amenazaba con matarse”, respondió. El hombre se tiró dos veces de un vehículo en marcha cuando Montserrat conducía y en el auto viajaban las hijas. Hubo un tercer intento que la madre de familia dice que nunca presenció.

Sin embargo aunque el cónyuge no la dejaba alejarse, aumentaba gradualmente los abusos.

Una tarde la hija mayor, que entonces andaba por cumplir los 11 años, llamó al número de emergencias temerosa que su padre pudiera matar a su madre. Le había fracturado la nariz y sangraba mucho. Pero ese sólo había sido uno de los golpes. El padre también había golpeado a las dos niñas. Así quedó registrado en el reporte policiaco que ahora podría permitir que Montserrat volviera eventualmente.

De esa agresión el esposo salió libre con una multa que pagaron sus familiares. Pero los abusos no pararon. Hubo otra ocasión de agresión igual de severa pero aunque el esposo fue detenido, Montserrat retiró los cargos porque él amenazaba con matarse.

La madre de familia dice que ya era una situación insostenible y volvía a pegarle a las menores, lo que la motivó a huir.

Montserrat Galván invirtió parte de sus ahorros en viajar con sus hijas a Tijuana a ponerse a salvo del cónyuge.

Pero en Tijuana no conocía a nadie ni tenía trabajo y no quería regresar a Guanajuato donde irremediablemente le iban a preguntar y a cuestionar. Unas semanas después el esposo la contactó y la convenció de que volviera. El iría a esperarlas a Los Ángeles y presuntamente regresarían juntos a Carolina del Norte, pero el plan no resultó exactamente así.

Las dos hijas cruzaron la frontera sin mayor problema por ser estadunidenses, pero cuando Monserrat intentó cruzar como indocumentada fue detenida, enviada un mes a un centro de detenciones y deportada con la advertencia de no regresar a Estados Unidos la siguiente década.

De eso hace dos años. Ha trabajado en maquiladoras en Tijuana pero el dinero que pagan en esas fábricas no es suficiente para pagar un alquiler. Ahora comparte una vivienda en una colonia muy pobre en la periferia.

Para Monserrat hoy lo más importante es volver a ver a sus hijas. En abril la corte en Carolina del Norte determinó que aunque ella no está presente en ese estado tiene derecho a la mitad de la custodia de sus hijas, ahora de 11 y 13 años, pero para verlas necesita estar allá. Un abogado le ayuda desde Carolina. Ahora mismo la prioridad de Monserrat es ganar de alguna forma 900 dólares que debe a ese abogado y conseguir recursos para mantener su ayuda, pero dice que vale la pena porque sí hay posibilidades de que el gobierno de Estados Unidos le otorgue una visa “U”, para víctimas de abuso, que le permitiría regresar y eventualmente solicitar residencia legal.

El caso de Monserrat no es aislado. La organización de Madres Soñadoras Deportadas USA capítulo Tijuana tiene registro de al menos dos madres de familia con experiencia similar de abuso que termina en deportación y hay muchas más cuyos casos se desconocen.

La abogada Carolina Martín Ramos de Casa Cornelia de asistencia legal a víctimas en San Diego dijo a El Latino que algunas madres tienen posibilidades de volver con una visa tipo “U”, o con una autorización de “libertad condicional humanitaria”, pero “las cortes analizan cada caso por separado”.

En esos análisis de los tribunales pueden influir si las madres –o padres—víctimas de abuso que termina en deportación tienen antecedentes penales, por ejemplo, o si fueron responsables el tiempo que vivieron con sus hijos.

Pero hay un asunto en el que coinciden todos los casos que podrían terminar con un eventual regreso a Estadios Unidos: los abusadores tuvieron que haber sido denunciados ante autoridades locales y las víctimas tuvieron que haber colaborado con las autoridades contra los abusadores.

En el caso específico de Monserrat, aunque fueron 13 años de abuso continuos y solo hay una denuncia que llevó a su cónyuge a la cárcel, es suficiente para solicitar una visa “U”, de acuerdo con su abogado.

La experta Carolina Martín dijo que es un proceso que tarda años antes de que las autoridades concedan ese tipo de visa a quienes ya se encuentran en el extranjero, pero llega a suceder, siempre, enfatizó, con base en lo que la corte decida en cada caso, individualmente.

Lisbet Pérez, quien de víctima de abuso e indocumentada pasó a dirigir en San Diego el Proyecto Esperanza de ayuda a víctimas coincidió en declaraciones por separado en que lo más importante es denunciar al agresor.

“Como sabemos a veces cuesta mucho trabajo, por muchas razones, entre otras por miedo o por dependencia emocional, pero las víctimas de abuso tienen que dar ese paso y denunciar, después de todo es la única forma en que podrían tener cambios”, comentó Pérez.

A Monserrat, quien ahora se gana la vida con dificultades en Tijuana pero sin perder la esperanza de ver a sus hijas, le pedimos algún consejo para los lectores de El latino que pudieran ser víctimas de abuso/

“Que no guarden silencio”, dijo Monserrat Galván , “aunque a veces tengamos miedo a que nos juzguen de no poder salir adelante por nosotros mismos, no hay que quedarnos callados; el silencio y guardarse los maltratos, sólo empeora nuestra situación”.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com