Tiffany tenía 13 años cuando decidió seguir a su hermana un año mayor para no quedarse en una casa donde la golpeaban 300 veces por ir al baño o la hacían comer emparedados de lo que hubiera en la bolsa de la aspiradora, pero cuando pensó que había escapado, sus problemas realmente apenas comenzaban.

“Mi hermana y su chulo me vendieron para prostituirme”, dijo la joven sobreviviente, “y cuando no quise seguir, mi hermana me acusó con mi madre, quien me envió a un centro de rehabilitación en San Diego”, y fue ahí donde conoció a su pero explotador, un pandillero apenas cinco o seis años mayor que ella.

Con la promesa de librarla de una vida de abusos y humillaciones en su casa, el joven pandillero que parecía encantador le pidió que lo rescatara. Dijo que su madre lo había corrido, que no tenía a dónde ir y que ya que ella era “tan espacial, tan inigualable”, podría hacer fácil unos cientos de dólares al mes para pagar su renta.

La niña que entonces apenas cumplía 14 años accedió a “salvar” al adolescente que le pareció encantador, pero pronto vinieron giras por Los Ángeles y el condado de Orange; el pandillero le impuso cuotas de 800 dólares por noche.

“Entre los 14 y 15 años fui víctima de golpizas tremendas, me sodomizaron, en varias ocasiones me pusieron armas de fuego a la cabeza, cuchillos y navajas al cuello”, todo para cubrir las cuotas de aquel joven que le pareció encantador y la hizo creer que era muy especial.

Una noche Tiffany Mester para sobrevivir tuvo que pelear a golpes con un hombre grande y debido a los golpes no pudo conseguir la cuota que para entonces era de 1,200 dólares por noche y el pandillero perdió todo el encanto, la golpeó casi hasta matarla y en cuanto Tiffany pudo se marchó.

Desde esta semana Tiffany pasó a ser uno de los principales símbolos de una campaña del condado de San Diego contra la prostitución y la explotación sexual infantil.

“La terrible verdad”, como se llama la campaña, “es que en el condado de San Diego hay una economía encubierta de prostitución que se traduce en 810 millones de dólares anuales y que está controlada en más de 85 por ciento por pandilleros”, declaró la supervisora Dianne Jacob.

“San Diego es una bella ciudad pero tiene una terrible realidad, y esa realidad es que hay niños que son usados para sexo promocional”, dijo la subprocuradora para casos de tráfico y explotación humana, Summer Stephan.

Dijo que los menores “son reclutados en escuelas en nuestro condado y son abusados sexualmente por aquellos que los compran, día tras día”.

La campaña busca despertar conciencia entre la población del condado para que identifique a víctimas de explotación sexual y reporte a las autoridades, sin criminalizar a las víctimas de ese delito.

En autobuses públicos tanto dentro como en los costados, en mensajes panorámicos en las calles, en mensajes en medios de comunicación y en redes sociales.

“Los seres humanos no son productos, no se venden y no se compran”, dice uno de los mensajes escritos únicamente en español para a campaña; “los seres humanos no son desechables”, dice otro, acompañado de un columpio vacío todavía en movimiento.

En la campaña participan, además de la procuraduría y la Oficina de Relaciones Humanas del condado, los oficiales del alguacil, los departamentos de policía, los servicios de atención a víctimas, sobrevivientes que se han vuelto activistas, y organizaciones civiles y religiosas en todo el condado.

En la campaña, algunos tipos de negocios en los que las autoridades saben que se reclutan menores para tráfico y la explotación tendrán que colocar a la vista careteles con los números telefónicos de todas las autoridades y organizaciones que participan en la cmpaña.

Ninguna institución u organización tiene una cifra específica de víctimas menores pero un estudio de la Universidad Estatal (SDSU) menciona que el número varía entre 8,700 y 11,300 víctimas anuales.

La edad promedio de las víctimas es de 15 años de edad, aunque hay menores y mayores, incluidas mujeres de mediana edad.