CHULA VISTA.- Hace dos años, José Guadalupe Martínez vivía en las calles de la ciudad de Chula Vista, asediado como la mayoría de los Homeless por la policía y el gobierno local.

Hoy su situación no ha cambiado mucho, porque a la más de una decena de enfermedades con las que tiene que ‘lidear’, se agregar sus pobres ingresos que no le permiten tener vida digna junto a su esposa.

El hombre nativo del estado de Aguascalientes, México y con más de 26 años de residir en Estados Unidos, ya es ciudadano, pero eso no le ha servido de gran cosa, pues a sus frecuentes achaques que tiene a sus 63 años, se le acumulan otros problemas.

Reside en una ‘Motor-Home”

prestada por una buena samaritana

Vive en una pequeña Motor-Home que por compasión le ha aprestado una señora de gran corazón, que además es su vecina pero los 16 dólares que el condado de San Diego le entrega en estampillas de comida, que no le ayudan a resolver sus apremiantes necesidades.

Entrevistado al momento de acudir a solicitar ayuda la organización no lucrativa Rayo de Esperanza Family Resource Center (Centro de Recursos para la Familia Rayo de Esperanza) localizada en Otay Elementary School (Escuela Primaria Otay), frente al reportero llenó la solicitud de renovación que tendrá que ser revisada por San Diego Hunger Coalition.

Evidentemente preocupado por su difícil situación económica, José Guadalupe, quien en el tráiler park donde ahora reside hace pequeños trabajos como la poda del césped para subsistir, afirmó que su pensión no le alcanza y por si fuera poca, su esposa Hermelinda Cordero Hernández, también padece de diabetes y problemas cardiovasculares, por lo que tiene que tomar tantos medicamentos como él.

A todo ello se agrega, dijo, su incertidumbre porque espera la resolución de una demanda que ha interpuesto contra la compañía Toyota, “porque me recogieron una ‘panelita’ (vehículo) sólo porque no pude pagar los últimos dos meses”.

Pero frente a las adversidades que le ha representado el destino, Martínez no se rinde y ante la presión que fue objeto por elementos del gobierno municipal cuando vivió en calles de Chula Vista, quienes le obligaban a pagar 2 dólares por cada día que estuviera en la calle, hoy ha tomado una desafiante oportunidad.