En su adolescencia se vio literalmente en la calle, pero ha llegado a ser en ejemplo de innumerables mujeres y es la editora del mayor periódico de California que dirija una mujer actualmente.

Cuando cumplió 15 años, una tía que presuntamente la iba a proteger la echó a la calle. Era su segundo periodo de pruebas.

El primero se presentó desde que recuerda, en Colombia, platicó Fanny Miller, al crecer en una familia con algunos problemas de adicción y de abuso. Por eso cuando viajó a Estados Unidos pensaba que encontraría estabilidad, y pudo ser así, hasta que se vio en la calle con poca edad, menos pertenencias y todavía menos contactos.

Fue una vida de ganar fuerza a pulso, de dar pasos adelante cuando todo parecía empujarle en retroceso. Por eso la editora del periódico El Latino de San Diego quiso hablar sobre los poderes de las mujeres en la mayor reunión de mujeres latinas en Estados Unidos; rindió su testimonio personal.

Habían pasado unos 70 meses desde que se vio en la calle con su adolescencia y su escaso equipaje cuando tuvo la idea de dedicarse al periodismo, pero no solo a investigarlo o escribirlo, sino a dirigirlo como empresa.

A los 21 años Miller lanzó El Latino, “sin saber nada de ventas o de periodismo”, platicó este fin de semana a más de mil mujeres reunidas en el convivio Celebrando Latinas.

Hoy Miller es la directora del mayor periódico que dirija actualmente una mujer en el estado de California, con sus más de 38 millones de personas, entre más de 14 millones de latinos.

Sin embargo, Miller no pierde sencillez, ni sensibilidad, y por eso, como este fin de semana al frente de Celebrando, a veces llora.

Fanny Miller decidió hacer la reunión más grande de mujeres en el país cada año cuando se dio cuenta de que sufría depresión, un mal silencioso y generalmente difícil de detectar a quien lo sufre.

Reconoció que su depresión se debió más que a las dificultades de su vida, a que la última persona en quien pensaba era en sí misma, su bienestar venía siempre después de los demás y, como en ocasiones anteriores en que las vicisitudes de la vida solo le sirvieron para remontarlas, decidió que no iba a enfrentar sola la depresión y el auto abandono, sino que quería inspirar a muchas otras, y así surgió Celebrando.

En un Celebrando hace dos años Miller volvió a sacar fuerzas de flaqueza cuando conoció a Alejandra, madre indocumentada de tres menores quien a poco de asistir a la conferencia supo que tenía un mal terminal.

Como Alejandra preparaba una fiesta infantil para una de sus tres hijas, invitó a Fanny Miller, quien desde la primera plática ya no se separó. Y esto es lo que hace que Fanny llore ocasionalmente, por la dicha y lo duro de la vida.

“Me di cuenta que teníamos vidas muy similares, la única diferencia era que ella era indocumentada y yo no”, y que la madre de familia se marchaba con actitud sencilla y heroica, cultivando hasta el final su nueva amistad.

Miller terminó con una de las últimas angustias de Alejandra, la preocupación de que sería de sus niñas cuando partiera.

Fanny Miller le propuso que, si quería, ella se haría cargo, que las cuidaría como sus propias hijas y Alejandra aceptó. Esto es lo que a veces hace llorar a Miller, quien todavía se atreve a dar el consejo de “ejercer el poder de decir que no, de dedicarnos un poco a nosotras mismas”.

Puede parecer una contradicción que una empresaria exitosa, que ya era madre de tres y sumó otras tres y acude a cada reunión de latinos importante en el condado recomiende “decir que no, la gente ni se va a molestar”.

Pero eso es lo que ha hecho Fanny Miller ante cada una de las adversidades de su vida, decir que no, a otros, al fracaso, a la depresión, a la soledad y más recientemente con Alejandra decirle no incluso a la muerte.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com