Cada fin de semana durante 13 años el adolescente Taylor Segovia acudió hasta la malla metálica que separa a San Diego de Tijuana para ver a sus padres y familiares, aunque lloviera y hubiera lodo, aunque el calor a veces pareciera que hacía mover el camino.

“Fue la única forma en que tuve realmente contacto, en que pude verlos, no llamarles por teléfono sino verlos de frente”, platicó.

Cierto que a veces tocaba con sus yemas las yemas de los dedos de alguno de sus seres queridos, “pero siempre me hizo falta un buen abrazo, que no habría dado yo por ese abrazo”.

Pero la frontera está ahora restringida a los abrazos. La patrulla fronteriza ha permitido que solo una vez cada año, alrededor del día del niño, se abracen algunos padres y sus hijos al abrir la puerta metálica en el Parque de la Amistad.

Pero ese es un acto programado y controlado por la patrulla en que se abrazan miembros de entre tres y cinco familias.

El resto del año las organizaciones de derechos humanos, de distintas creencias religiosas y legales de San Diego reciben innumerables llamadas de personas de lugares tan distantes como Nueva York y Chiapas para preguntar “a qué horas abren la puerta”.

“El problema es que esa única ocasión anual cuenta con una muy fuerte cubertura en los medios de comunicación y no queda muy claro que es una vez, de solo unos minutos cada año”, explicó el reverendo John Fanestil, encargado de la celebración religiosa de cada fin de semana a través de la barda en el Parque de la Amistad.

Ahora Fanestil y un grupo de Amigos del Parque de la Amistad lanzó una recaudación de apoyos por internet para pedir a la patrulla fronteriza que permita que todas las familias que llegan cada fin de semana al parque se puedan abrazar por entre los barrotes que conforman la barda a los lados del Parque.

De acuerdo con Fanestil, “si cada fin de semana llegan entre 50 y 60 familias a verse a través de la malla, hablamos de entre 2,500 y 3,000 familias que podrían abrazarse cada año”, en el parque.

La campaña se llama “Déjenlos que se abracen” y cualquier persona la puede apoyar si ingresa a la página de la petición. Solo necesita escribir esto en su búsqueda por internet: change.org, déjenlos abrazarse en la frontera.

La coalición incluye a conocidos dirigentes como Fanestil y Daniel Watman, quien cada fin de semana lleva a cabo actividades en ambos lados de la frontera en el parque. Ambos fueron los que consiguieron que la patrulla accediera a permitir que los migrantes de ambos lados se vieran al menos unas horas cada fin de semana.

Pedro Ríos, el director del proyecto fronterizo del Comité de Servicios Amigos Americanos, explicó que al parque llegan familias incluso de países centroamericanos, porque quieren al menos por un momento poder abrazar a sus seres queridos.

La coalición ha pedido dos veces en temporadas anteriores a la patrulla que permita que se abracen los visitantes pero la agencia ha negado el permiso con argumento de seguridad.

Watman dijo que lo contrario es lo cierto, al permitir que las familias se acerquen se gana seguridad en las inmediaciones del parque.

“No pedimos que abran la puerta cada fin de semana porque eso es mucho trabajo pero sí que un grupo de oficiales permita que se acerquen con las manos vacías a abrazarse”, dijo Watman.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com