Una ola inesperada de migrantes del Congo, Haití y República Dominicana que buscan asilo en Estados Unidos saturó los refugios e incluso algunas calles de la zona norte de Tijuana, en lo que oficial y extraoficialmente califican como una crisis humanitaria aún no declarada.

Las mañanas de esta semana cerca de 2,000 personas acuden a buscar desayuno y “fichas”, o citas, de día y hora, en que pasarán a la garita de San Ysidro a pedir a las autoridades estadunidenses asilo.

Mientras tanto “esta ya es una crisis humanitaria que los gobiernos no están reconociendo y que merece atención porque ha rebasado todos nuestros esfuerzos”, dijo el padre Patrick Murphy, director de la Casa del Migrante en Tijuana.

El alcalde Jorge Astiazarán coincidió al recorrer el lunes las inmediaciones del desayunador junto a la vía rápida: “por supuesto es una crisis humanitaria, pero no ha sido declarada; y como eso es lo que en realidad es, una crisis, merece del apoyo de la federación”, es decir del gobierno federal.

Por separado el padre Murphy reiteró que “estas personas van a seguir llegando, nosotros ya ayudamos a toda nuestra capacidad, pero no hay un plan ni a mediano ni a largo plazo para atenderlos”.

Apenas el fin de semana el gobierno del estado de Baja California había trasladado de Tijuana a Mexicali a unos 550 extranjeros de África y Haití para despejar un poco los refugios de la ciudad, cuando sorpresivamente comenzaron a llegar autobuses llenos desde el estado de Chiapas hasta Tijuana, por lo menos cinco días de camino.

De acuerdo con cálculos de los refugios en Mexicali, en conjunto tienen capacidad para unas 250 personas.

“Tal vez las autoridades federales deben de revisar más a quienes llegan por la frontera sur, no sabemos exactamente qué se debe hacer porque no habíamos tenido esta experiencia”, dijo el alcalde, “hemos estado desbordados”.

En la pequeña oficina de módulo de atención a migrantes junto al desayunador los extranjeros ingresan en fila para recibir su ficha, que indica el día y la hora en que serán atendidos en la garita de San Ysidro.

Mientras llega ese momento, cada uno de los migrantes, según sus necesidades, busca algún hotel barato, ayuda en algún refugio o simplemente duerme y come en las calles de Tijuana.

Una mujer de Haití que no quiso dar su nombre porque teme que influya en su solicitud de asilo dijo que lo que más teme es que su niña de brazos o su otra hija de tres años de edad se puedan enfermar antes de que pase a la garita.

“Creo que todos los que venimos a solicitar asilo tenemos algún familiar en Estados Unidos y eso puede ayudar a nuestra petición, pero si nos niegan y nos deportan, en mi caso no se qué voy a hacer”, exclamó.

A los cientos de migrantes de otros países se suman también cientos que llagan en familias de los estados de Guerrero, Michoacán y Nayarit.

De acuerdo con la encargada del Instituto Municipal de Atención al Migrante en Tijuana, Rosario Lozada, alrededor del uno por ciento de los mexicanos que solicitan asilo lo obtiene; el resto regresa a Tijuana y teme volver a sus lugares de origen de donde salió huyendo y tampoco puede irse a otros lugares de México porque no tiene dinero ni conocidos.

“Por donde quiera que se vea, esto se pone cada vez más difícil; yo digo que sí, es una crisis humanitaria que todavía no se reconoce”, dijo.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com