No soy economista ni tengo un MBA. No estoy graduada en economía ni dirijo un banco. Pero como líder electa del Ayuntamiento de Chelsea e hija de trabajadores inmigrados de Puerto Rico, la vida me han enseñado una cosa: el que no llora no mama.

Con su lucha por un contrato justo, más de 13,000 trabajadores de mantenimiento del área de Boston afiliados al sindicato 32BJ nos están dando una lección de valor y capacidad de lucha que todos deberíamos emular. No solo limpian algunos de los edificios de oficinas más importantes de la región, están completamente conscientes de que “la economía” sola no les va a dar lo que necesitan para mantener a sus familias. Si fuera así, hace años que los salarios hubieran subido para todos.

Al pelear por un contrato con aumentos garantizados y acceso a empleo full-time y mejor seguro médico están sentando las bases para que comunidades como la nuestra tengan unos pilares más fuertes, donde los trabajadores puedan pagar la renta sin hacer esfuerzos sobrehumanos, llevar a sus hijos al médico sin miedo a la factura, o poder ir al supermercado y no tener que devolver comida al cajero porque el dinero no alcanza.

Poner más dinero en los bolsillos de las personas que lo necesitan y no solo en las manos de los CEOs es una garantía para que nuestra economía crezca y nuestras comunidades prosperen. Es la receta que llevó a este país a tener la clase media más grande de la historia, y seguimos cocinando con ella.

“El mercado de oficinas de Boston está en auge”, declaró la Vicepresidenta del sindicato 32BJ Roxana Rivera la pasada semana en el Boston Common, acompañada de la Senadora Elizabeth Warren. “Pero para demasiados sacrificados trabajadores y trabajadoras, pagar sus cuentas les resulta difícil”.

Y eso es cierto, mientras que la economía general ya se ha recuperado, tenemos que garantizar que ese bienestar se refleje en los empleos y salarios de la gente trabajadora.

Por mucho tiempo las corporaciones de los Estados Unidos han venido actuando como el escorpión que, después de convencer a la rana de darle un paseo por el arroyo, le picó. Cuando la rana le preguntó al escorpión por qué le había picado, el insecto dijo «porque eso es lo que hago». No podemos esperar que las empresas hagan otra cosa más que maximizar sus beneficios, a menos que existan reglas para asegurar beneficios en una manera que no destruyen nuestra economía.

No nos podemos quedar estancados, tenemos que echar pa’lante. Lo hacen todos los días los trabajadores de Chelsea, Mattapan, Dorchester y barrios trabajadores de toda la región. He sido testigo del trabajo duro y el sacrificio de mis padres cada mañana, y sé que la lucha vale la pena.

¡Pa’lante!