Cuando un terremoto de más de 7 grados Richter destruyó su casa, Steker Regisma tuvo suerte de poder salir de Haití para ir a Brasil donde por lo menos conseguiría trabajo, pues él y su esposa, Edeline Suffarin, solo se habían quedado con la ropa que llevaban puesta ese día de enero del 2010.

Steker trabajó en Brasil como albañil, en construcción, cinco años, y juntó una fortuna, cinco mil dólares, para poder viajar a Estados Unidos a reunirse con familiares en Florida que pudieran ayudar a su familia.

El ahora padre de dos niñas, una de dos años y la otra de diez meses, Stefeuline y Eveson, atravesó la selva de Colombia con sus dos pequeñas en los brazos, caminó la mayoría el territorio en Panamá; al llegar a Costa Rica le cobraron dos mil dólares, casi la mitad de sus ahorros, simplemente por pasar.

La familia pasó por Nicaragua, Honduras, Guatemala, y en la frontera sur mexicana, abordó un autobús, también caro, que atravesaría todo el país en cuatro días, de Chiapas a Tijuana.

Steker considera que tuvo suerte. No tiene un centavo, necesita de todo, pero al menos la familia consiguió asilo y ahora en San Diego espera reunir ayuda para llegar a Florida.

Lo que la familia Regisma Suffarin ha vivido en los últimos seis años y medio no es muy distinta a la vida que han llevado unos cuatro mil refugiados haitianos a quienes iglesias y organizaciones civiles de San Diego han ayudado en los últimos meses, de acuerdo con la abogada Andrea Guerrero, directora de la Alianza San Diego.

Cuando el terremoto en Haití destruyó la mayoría de ese país, “el presidente Barack Obama hizo la promesa de que no los abandonaríamos ni los olvidaríamos” a los refugiados haitianos, explicó Guerrero como parte del Consorcio de los Derechos de los Inmigrantes de San Diego.

Para ayudar a cumplir esa promesa el consorcio busca urgentemente en San Diego ahora un local donde pueda implementar un refugio amplio, y toda la ayuda que los sandieguinos quieran aportar, pues apoyar a miles ha agotado los recursos y vienen muchos más.

“En los países entre Brasil y México ya se encuentran en tránsito ahora al menos cuatro mil refugiados haitianos”, declaró el delegado del Instituto Nacional de Migración (INM) de México en Baja California, Rodulfo Figueroa.

“Otros ocho mil refugiados haitianos están listos para salir también de Brasil rumbo a Tijuana y luego a San Diego”, agregó por su parte el padre Pat Murphy, director de la Casa del Migrante en Tijuana, donde arrecia la crisis por los refugiados.

Mientras que en San Diego hay iglesias que acogen a los refugiados, “La Maestra” les proporciona servicios de salud, el consorcio busca de antemano ayuda, en Tijuana los miles de refugiados de Haití se suman a los de diversas nacionalidades africanas, de Medio Oriente, de Asia de Centro y Suramérica y de México que han rebasado la capacidad de todos los refugios.

Cuando los refugiados haitianos lleguen a la frontera en las próximas semanas y meses, necesitarán urgentemente ayuda para permanecer en Tijuana mientras las autoridades estadunidenses les atienden por turnos.

Si llegan 500 o mil a Tijuana, en la garita de San Ysidro sólo reciben entre 50 y cien solicitantes de asilo cada día.

La abogada Ginger Jacobs, experta en migración y quien asesora a solicitantes de asilo, explicó que el procedimiento dosificado de las autoridades estadunidenses a los refugiados se debe a las condiciones limitadas en la frontera.

“La garita de San Ysidro tiene capacidad para alojar a 200 solicitantes de asilo, y quienes entran a pedir asilo permanecen en promedio tres días en esas instalaciones, mientras agentes federales les revisan huelas, antecedentes penales, verifican si en realidad tienen familiares o conocidos en Estados Unidos y si esas personas de verdad les van a ayudar”, dijo Jacobs.

Es un procedimiento promedio porque las autoridades “tienen que atender las solicitudes de asilo y al mismo tiempo garantizar la seguridad del país”, y los haitianos son solo una fracción de quienes buscan asilo.

El procedimiento crea un cuello de botella que deja a la espera una creciente población de extranjeros y mexicanos que buscan asilo y esperan en Tijuana.

Ahora sin capacidad en los refugios, muchos duermen en las calles en Tijuana.

Por ahora por lo menos la familia Regisma Suffarin ya no tendrá que estar en la calle, pero vienen muchos que quizá no encuentren las mejores condiciones en San Diego al saturarse también la llegada de haitianos al condado.

Quien desee apoyar a los refugiados puede acudir a la Iglesia Metodista Unidas de Cristo, que reúne asistencia y pro ahora proporciona refugio temporal en 3295 Meade Avenue en San Diego.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com