El trabajo artesano, los bordados, los accesorios potentes y las referencias estéticas a tiempos pasados. son la clave de la pasarela de Milán, donde se han visto las propuestas primavera-verano 2017.

Bajo la dirección creativa y el universo de Alessandro Michele, Gucci propone un estética setentera con detalles ochenteros, en la que domino la opulencia y el color.

“El color es el alma de la moda, si cambias el color de un vestido, cambias el vestido. El color y la dimensión lo transforman en una ilusión”, decía esta firma en su cuenta de Instagram.

Los complementos son extravagantes y cobran más importancia que nunca en ropa de hombres, vestidos de mujer y mujeres vestidas de hombre, porque en Gucci el género es neutro.

Inspirándose en la estética étnica, Giorgio Armani presentó una colección, para la primavera-verano 2017, en la que abundan los velos, pero con materiales transparentes -aunque no demasiado- dotados de bordados, lentejuelas y brillos que hacen pensar en el cielo estrellado de un destino idealizado del Medio Oriente.

La mujer de Armani del clima benigno de 2017 -los largos se acortan y las faldas, breves y en pareo, reinan en la colección es “joven, no una Mata-Hari”, bromeó el modisto tras saludar a la tenista Serena Williams, una de las VIP que asistieron a su desfile.

SUPERPOSICIÓN DE PRENDAS

Las transparencias en blusas, faldas y vestidos, y los juegos incesantes de estampados a cuadros, geométricos o “animal print” fueron las apuestas más llamativas de la mayoría de las marcas que subieron a la pasarela milanesa para la próxima temporada primavera/verano 2017. En el caso de la casa italiana Prada, los estampados a cuadros en colores amarillos y negros, verdes y negros o la gama de los marrones y color tierra se adueñaron de chaquetas bomber, camisas o faldas.

La firma italiana, fundada en 1913, juega también de forma constante con la superposición de prendas para mostrar tops sobre camisas o vestidos de escote bañera, con transparencias y vaporosos o sobre camisas de algodón con estampados florales. Su colección también hace un guiño a la moda asiática con conjuntos de kimonos y vestidos hanfu, siempre utilizando transparencias y con un detalle de plumas en las mangas.

Las minifaldas rojas, azules y negras, se alternan en la pasarela con las faldas cruzadas y con las de corte recto, que se pudieron ver, tanto en tonos pastel, como en negro y en estampados de diversos colores.

Como complementos, Prada apuesta por los bolsos de mano, gafas de sol de cristales grandes y de forma redonda, y colgantes tamaño XXL en tonos plateados, azules, marrones o amarillos claros. Finalmente, las sandalias cruzadas con un detalle floral, las sandalias con plumas grises o anaranjadas, y las de estilo piscina son las elegidas para el calzado.

Los botines altos de tacones se ven en el desfile de Emilio Pucci, que llevó hasta Milán una colección de colores vivos que recorrieron toda la paleta del pantone.

El amarillo intenso, el azul cyan, el rojo y el rosa sirven para vestir de forma monocromática algunas de las piezas de esta colección, como vestidos o conjuntos de crop-tops y faldas por debajo de la rodilla.

La firma Moschino, por su parte, llevó hasta Milán una colección formada por prendas diseñadas como si fueran recortables.

Así, sus modelos lucieron bañadores que a su vez tenían pintado un bikini e incluso la forma del ombligo, con las pestañas blancas para poder ser dobladas, como cuando se vestía a las muñecas recortables.

Un fiesta es la propuesta de Stefano y Domenico, dúo creativo de la firma Dolce&Gabbana, quienes subieron a la pasarela una colección lujosa, divertida y colorista, en la que las flores grandes y el dorado brilló.

UN CHIC DEPORTIVO Y URBANO

Versace apuesta por una mujer que viste deportiva y de lujo. Donatella Versace ofrece una selección repleta de diagonales, cortes asimétricos, elípticos y combinación de “stretch”, náilon, algunos en juego de dos piezas, en una colección que elogiaba a la mujer, le pedía asumir “el mando” y lanzó a Naomi Campbell a la pasarela.

Negro dominante, azul y berenjena fueron los colores preferidos en la presentación sobre la “doble V” de la pasarela de la marca de la cabeza de medusa, aunque Campbell descendió del olimpo de las “top-model” en básicos rojo-blanco azul y botas de motorista.

Guardapolvos amplios, fruncidos y asimétricos, toques de encaje y versiones del “wrap dress”, sin olvidar cremalleras y botones metálicos desde los hombros hasta los tobillos, hicieron pensar en el Versace de los últimos años noventa.

Envueltas en un chic deportivo y urbano llegaron las propuestas de Laura Biagiotti y Salvatore Ferragamo. La primera, la “reina de la cachemira” sugiere su modelo bambola, esta vez en tejido denim, y propone amplios y etéreos vestidos confeccionados con pañuelos estampados sobre seda, con temas golfistas de los años treinta del pasado siglo.

Mientras que Ferragamo presentó su versión del chic urbano, cómodo y en el que reinaba la falda trompeta (falda lápiz con volante), aunque también los monos y las gabardinas, éstas con cortes modernos y efectos exagerados en hombros y mangas.

Para celebrar su medio siglo, Bottega Veneto, con sede en Lugano (Suiza), mostró la marca propia de sus orígenes: el “intrecciatto”, el característico trenzado que la hace reconocible y que esta vez saltó de los bolsos a los hombros y a las solapas.

El cuero en la versión primavera-verano 2017 para la casa italiana se vestir ligerísimo, como una tela, en cualquier color, aunque más para ellas que para ellos, como se vio en el desfile mixto que albergá la Accademia delle Belle Arti milanesa.

Blumarine, casa de moda que ya lleva más de cuarenta años en el sector, también echa la vista atrás y coloca a su mujer en países del sur, portando tejidos livianos, como los algodones “sangallo” o el punto de licra “maglina”.

Las blusas dejan ver el abdomen, las faldas son largas y amplias, a veces con la cintura anudada, mientras que los tops se reducen y asemejan un sostén, y para los amplios pantalones “palazzo” se ha optado por la seda y de color fucsia.

Por Carmen RamÌrez.

EFE/REPORTAJES