El recuerdo de Rykiel se ha respirado estos días en París, más allá de la muestra de su nueva línea, ha sido una semana marcada por el feminismo, reivindicado por Saint Laurent, pero también por Balmain, Isabel Martant o Piccioli para los que la costura es, en sÌ misma, un llamamiento al empoderamiento femenino.

Tan sólo un mes después de la muerte de Sonia Rykiel, la firma que ella misma creó y celebró en su memoria el desfile de la presentación primavera-verano 2017, un festejo de la vida de la modista que concibió su marca y sus diseños de forma feminista e intelectual.

El desfile comenzó con once modelos con el pelo cardado a la manera de la fundadora, vestidas con ‘bodys’ negros de punto en los que se leÌa “Rykiel Forever” en letras de colores. Poco más había que decir.

La colección fue una oda al “oversize”, en la que todo se llevó grande: mangas de elefante, patas de elefante, faldas anchas pero en formas fluidas y tejidos ligeros, como gustaba a la propia Rykiel.

PICCIOLO MANTIENE LA ESENCIA DE VALENTINO

Más que preparado para llevar solo y con Èxito el timón de este barco. Una propuesta cargada de romanticismo en una colección más diurna de lo que acostumbra, con zapatos planos y accesorios que dan una sensación de comodidad a los trabajados vestidos, con mini-carteras en bandolera y recogidos despeinados, para el cabello.

El color rosa fue el protagonista en la pasarela con vestidos, abrigos y zapatos que se tiÒen de distintas tonalidades, como el fucsia, el pastel o un rosa chicle.

Los detalles, tan cuidados como siempre, con prendas que incluyeron: aplicaciones en terciopelo, trabajados textiles brocados en pantalones y abrigos primaverales, y cuidadas mezclas de colores para los vestidos de noche.

Mucho más asentado en la dirección de la firma, el británico Bill Gaytten presentó también su colección para John Galliano: un canto a la imaginación y a la inocencia de los niños que juegan con la ropa de sus padres o incluso de sus abuelos sin juicios de estilo.

Prendas que parecían tener vida propia, algunas con un efecto envejecido, como vestidos de encaje y tul de inspiración años 30, o chaquetas masculinas de ante usadas para dar esa sensación de sacado del armario de papá.

Galliano propuso chaquetas de hombre y pantalones de traje con un buscado efecto grande, que contrastaron con los delicados vestidos de seda y estampados floreados.

Junto a colores más clásicos, como los tonos tierra, el crudo o el azul marino, Galliano apostó por el azul cielo y el rosa chicle, precisamente haciendo referencia a los colores que se le suelen otorgar a los bebés seg˙n su sexo.

Y del romanticismo de uno y los juegos de niños de otro, la moda parisina pasa al feminismo y la modernidad de la mano de Celine, en su delicada batalla por reinventar las formas femeninas y la sensualidad desde sus siluetas “oversize”.

DEL SAFARI DE BALMAIN A LA BASE DE DATOS DE CHANEL

Balmain presentó una mezcla de “look” safari pero en versión elegante, con cortes que recordaron ligeramente al estilismo del Hollywood dorado de los años 40.

Los vestidos largos llevaron grandes aperturas dejando ver las piernas enteras que consiguen un efecto infinito gracias a sandalias de alto tacÛn y tira fina.

Para la noche, la firma incluyó estampados animales en tejidos ligeramente satinados, abriendo la gama de colores al lila y verde, además de algunos impactantes vestidos de corte asimétrico en tejidos fluidos en un brillante rojo, poderoso y atrevido como la mujer Balmain.

Chanel puso como marco una gigantesca base de datos cuidando cada detalle: todas las máquinas estaban perfectamente conectadas con cables, las pantallas se iluminaban en un escenario futurista y pulcro para una línea primaveral, que apostó por prendas de lencería con un toque urbano, casi rapero.

Las gorras fueron el accesorio estrella, acompañando cada uno de los “looks”, que se llevaron de lado en brillantes verdes, también con impresiones gráficas o con el famoso tweed de la casa, que para esta temporada se mezcla con líneas en relieve e incluso lentejuelas.

Esta misma tendencia siguió el resto de la colección, que apeló a la juventud con accesorios extravagantes como grandes pendientes, carteras metalizadas y un sinfín de impresiones gráficas que decoraron fluidos ‘blazers’.

El uso de la seda y el encaje en prendas con transparencias contrastÛ con el grueso tejido de origen escocés de las chaquetas de la “maison”.

‘Tops’, faldas y chaquetas parecían formar parte de una colección de lencería, combinados bajo las creaciones en tweed, como las faldas evasé con aperturas de cremallera a la mitad, que se llevaron medio abiertas para dejar ver el encaje de las prendas interiores.

Los zapatos de cuero blanco, mitad bailarinas mitad botines, fueron el complemento ideal para colaborar en esa estética tecnológica, a juego con la industria de la moda, a la que la revolución de los “smartphones” y las aplicaciones móviles ha alterado completamente. (EFE).

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