Algunas afirmacione, hipótesis y teorías respecto a las mujeres han inducido a graves errors. Eulalia Pérez Sedeño y S. García Dauder han escrito una obra en la que pretenden mostrar falsedades, ocultamientos o directamente invenciones, sobre la naturaleza y el comportamiento de las mujeres.

De hecho, Pérez Sedeño y García Dauder hablan en su libro “Las mentiras científicas sobre las mujeres”, de la denominada teoría de la conservación de la energía, que propició la oposición a la educación de las mujeres, principalmente a la educación superior, ya que se consideraba que el esfuerzo que tendrían que dedicar a su instrucción les quitaría una energía necesaria para sus funciones menstruales y reproductivas.

Se pensaba que con el estudio aumentaba el cerebro y, al aumentar este, disminuían los ovarios, aclaran las autoras.

El acceso de las mujeres a la educación ha sido un camino difícil. Además, aquellas que han conseguido llegar a lo más alto y hacer, por ejemplo, importantes descubrimientos científicos, no siempre han visto sus logros reconocidos, incluso, en algunas ocasiones éstos han sido atribuidos a sus compañeros varones, comentan las escritoras.

De hecho, cuando pensamos en mujeres que hayan hecho importantes contribuciones a la ciencia, se nos ocurren pocos nombres, más alláde Marie Curie o Hipatia de Alejandría.

Sin embargo, hay muchísimas más, como las españolas Margarita Comas, María Moliner, Mercedes Rodrigo Bellido o MarÌa de los Ángeles Alvarado; las cubanas Laura M. de Carvajal o Ángela T. Leiva Sánchez; las uruguayas Lisette Gorfinkiel o Mercedes Freire de Garbarino; las mexicanas Helia Bravo Hollis o María Elena Caso; las argentinas Noemí Violeta Cattoi o Eva Verbitsky Hunt; o las brasileñas Graziela Maciel Barroso o Marilia Chaves de Peixoto.

Pérez Sedeño y García Dauder recalcan que, en el ámbito de la ciencia y la tecnología, las mujeres no siempre han obtenido el reconocimiento que merecerían por su trabajo.

En este sentido, se refieren a un aríÌculo titulado ìEl efecto Mateoî que Robert Merton publicó en 1968 y que describe un patrón de reconocimiento sesgado a favor del científico de más prestigio.

El artículo se llama ìEl efecto Mateo! en alusión a la primera parte del versículo 13:12 del Evangelio según Mateo, que dice: ìPorque a cualquiera que tiene se le dará más y tendrá en abundancia!.

Pérez Sedeño y GaríÌa Dauder explican que el propio Merton puede servir de ejemplo del efecto Mateo, pues aunque su artículo se basaba en la documentación procedente de la tesis doctoral de la historiadora Harriet Zuckerman, ella sólo aparece en una nota a pie de página y apenas se reconoce su trabajo de recopilación de casos y el ¡efecto Mateo! sólo se atribuye a Merton.

Pero el versículo del Evangelio de Mateo tiene una segunda parte que reza: ìY a quien no tiene se le quitará, incluso lo poco que tieneî!. Margaret Rossiter propuso llamarla el efecto Matilda por la sufragista, estudiosa de la Biblia y pionera en la sociologÌa del conocimiento Matilda Joslyn, que ya percibió este patrón a finales del siglo XIX, aplicado, sobre todo, a las mujeres.

LO MASCULINO COMO NORMA

Como ejemplo del efecto Matilda, Perez Sedeño y García Dauder exponen el caso de Frieda Robscheit-Robbins, quien a los 24 años comenzó a trabajar con el patólogo George Hoyt Whipple, con quien estuvo durante á·s de tres décadas y ambos firmaban los trabajos conjuntamente.

Descubrieron juntos la cura para la anemia perniciosa que entonces era una enfermedad mortal, pero el Premio Nobel de Medicina de 1934 por ese logro se lo dieron sólo a Èl. Si bien el cientófico repartió el dinero del premio con ella y con otras dos colaboradoras.

Pérez Sedeño y García Dauder señalan que, a lo largo de la historia de la ciencia, se ha tendido a tomar lo masculino como norma y se ha obviado o minusvalorado lo femenino.

Los temas que afectan a los varones dentro de las diferentes disciplinas son considerados de carácter básico, mientras que los relacionados con las mujeres u otros colectivos marginalizados son ëxplicados, o de especialización, o temas de mujeres, o de género, como si los varones no fueran género, apuntan.

Asimismo, las autoras de “Las mentiras científicas sobre las mujeres” afirman que la presencia de mujeres en la ciencia, no es condición suficiente para una mejor ciencia, pero si necesaria.

EFE

Ellatinoonline.com

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