La construcción del muro que ordenó para la frontera el presidente Donald Trump enfrenta un cúmulo de obstáculos que, combinados, resultan prácticamente insalvables.

La serie de obstáculos incluye convenios internacionales que Estados Unidos suscribió ante la ONU y la OEA, potenciales violaciones a los derechos indígenas en la región, un costo que es una multiplicación del estimado inicial, tramos de frontera inaccesibles, la amenaza de dejar sin agua a la comunidad fronteriza texana, a quien además tendría que obligar a entregar sus propiedades; en California una iniciativa de ley que solamente permitiría la construcción si primero la aprueba el electorado, y encima de todo eso una mayoría de estadunidenses que rechazan la construcción del muro, que sería el cuarto paralelo en algunos tramos de frontera.

“Tenemos dos herramientas jurídicas muy importantes: la Declaración de las Naciones Unidas en materia de los Derechos Indígenas, y la Declaración de los Estados Americanos en material Indígena de la OEA”, explicó en charla telefónica con El Latino el comisionado nacional de México para el diálogo con los pueblos indígenas, arquitecto Jaime Martínez Veloz.

La tribu que en Arizona es la nación india americana Tohono O’Odham y en Sonora son los Pápagos, pidió –en su papel de nación independiente– ayuda a la cancillería mexicana para defender su pueblo y su cultura.

“Cuando nosotros nos presentamos los tohono ya tenían elaborada una serie de documentos para demandar la intervención de la ONU y para presentar una demanda si construyen el muro en su territorio”, explicó Martínez Veloz.

Es un solo grupo indígena en ambos lados de la frontera. En Arizona están los empleos y la mayoría de la comunidad; en Sonora está el agua, en medio del desierto, el cementerio y los lugares sagrados.

“Nosotros le pedimos al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que por favor nos ayude con una investigación, para demostrar la antigüedad de esa cultura y poder argumentar el impacto que tendría construirles un muro” que independientemente de ser frontera partiría a un pueblo en dos, informó el comisionado.

La nación Tohono O’Odham con unos 30 mil miembros se extiende por un tramo de frontera de unos 150 kilómetros. Esto es más del 25 por ciento de la frontera de Arizona con México, que tiene una extensión de 582 kilómetros.

Pero las dificultades para la construcción del muro Trump no solo se presentan en Arizona.

En el senado de California se perfila para aprobarse una iniciativa de ley del senador Ricardo Lara que únicamente autorizaría la construcción de una barda en los límites con México si antes la aprueba el electorado de California, donde según encuestas más del 80 por ciento de los residentes la rechaza.

La propuesta de Lara, hijo de padres que fueron indocumentados y ahora con estadunidenses, fue presentada el 5 de diciembre, 51 días antes de que el presidente Trump girara su orden ejecutiva para construir la barda.

“Nosotros no vamos a permitir la construcción de un muro que pueda dañar nuestro medio ambiente o nuestra economía”, declaró categórico el senador.

Estos son algunos de los argumentos de la propuesta de ley: una propuesta de muro entre California y México puede dañar económica, social y ambientalmente al estado, por lo que deben ser los californianos los que decidan si se construye.

“California y México comparten 130 millas (unos 210 kilómetros) de frontera que es hogar de una enorme historia cultural y de comercio entre Estados Unidos y México; también es hogar de numerosas especies en riesgo de extinción” y de flora exclusiva, argumenta el senador.

Pero además la región se rige por diversos acuerdos binaciones de protección ambiental.

En materia de comercio, en el 2015 las exportaciones de California a México fueron por más de 26 mil 800 millones de dólares, con 177 mil empleos directos y más de 200 mil fuentes de trabajo vinculadas con México de diversas formas, como el turismo, las ventas al menudeo, y las inversiones.

En otras palabras California tiene mucho más en juego con relación a la construcción de otra barda que otros estados alejados de la frontera

Y en el tramo de la frontera de Texas los residentes de ranchos de las llamadas colonias limítrofes reviven con la posibilidad de otra barda recuerdos de un periodo en que pelearon en cortes federales contra la administración del expresidente George Bush para que el muro no fuera construido en sus propiedades.

A diferencia de la mayoría del resto de la frontera, donde el terreno es propiedad federal, o bajo jurisdicción estatal o tribal, en Texas prácticamente toda la frontera excepto tramos inaccesibles es propiedad privada.

Las demandas llevaron a que las viviendas de muchos residentes de la frontera de Texas, donde ahora viven miles de jubilados, quedaran entre la barda de la patrulla fronteriza y el Río Bravo, que en Texas es el Río Grande.

Los residentes han declarado toda este mes a medios de comunicación en Texas que si se construye otra barda junto al río, quedarán presos entre muros, y se levanta otra pared al norte de la primera, prácticamente vivirían en México.

Aunque los residentes de la zona son reconocidos entre patrulleros fronterizos, en ocasiones los agentes cuestionan su nacionalidad cuando circulan entre sus casas y los supermercados, gasolineras o escuelas.

Greg García, un joven de 19 años cuya casa quedó entre el muro y el río en Texas, platicó a un diario de Austin que cuando sus familiares al lado mexicano de la frontera van a visitarlo, le han preguntado si cuando vengan a su casa necesitarán documentos no para ingresar a Estados Unidos, sino para regresar a México.

“La gente piensa que de hecho vivimos en México”, dijo García.

A toda esa serie de obstáculos, se añade ahora un error de cálculo en el costo de la potencial construcción de la barda.

El presidente Trump declaró a principios de febrero que el precio del muro que ordenó construir “son unos ocho mil millones de dólares y eso si fueran dos mil millas, no si necesitamos mil millas”.

Pero la semana pasada el director de la Oficina de Administración de Presupuesto, Mick Mulvaney, calculó que según la dificultad de terreno en cada tramo, el muro costará entre 16 y 25 millones de dólares, no ocho millones como originalmente se estimaba.

Con esos cambios, la construcción de la barda podría legar a hasta 50 mil millones de dólares.

La idea inicial era de un muro sólido de poco más de diez metros de alto con áreas por las que se pudiera ver hacia territorio mexicano, según dijo el administrador al mencionar las preferencias de la patrulla fronteriza.

Esa descripción es muy similar a la del muro con el que Israel se separa de la granja de Gaza.

Pero este miércoles la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) del Departamento de Seguridad Interior (HSD) informó que considerará otras opciones de modelos para la barda.

Algunas encuestas entre estadunidenses en febrero determinaron que en lo general el 60 por ciento de los consultados rechaza la idea de construir una nueva barda.

La idea de levantar otra pared fronteriza pierde más rápidamente simpatías desde que el cálculo de costo ha ido en aumento, y se menciona que para financiar el muro la administración Trump planea reducir presupuesto a otras áreas claves como el Servicio de Guardacostas y programas contra terrorismo.

Hasta ahora ninguna de las encuestas sobre el mudo ha considerado que el flujo de indocumentados va en notable descenso y la migración mexicana indocumentada a Estados Unidos es prácticamente nula, según cifras de la patrulla fronteriza.

Manuel Ocaño

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