El presidente Donald Trump se estrella contra su promesa de construir un nuevo muro a lo largo de toda la frontera, pero también eso es peligroso, porque se requiere de una excusa fuerte.

Esa fue la principal promesa de su campaña electoral. “Construiremos un gran muro y haremos que México lo pague”, reiteró incontables ocasiones en su candidatura.

Instigaba a sus seguidores al cuestionar “quién va a pagar por el muro”; “México”, respondían los simpatizantes.

Pero materializar la principal promesa de la campaña se convierte para el presidente en una tarea cada vez más difícil de cumplir.

No importa la propaganda que han filtrado algunas autoridades, que quisieran dar por hecha la construcción de la barda, la realidad es muy diferente.

Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) filtró selectivamente a medios que no iban a cuestionar algunas propuestas de centenares de empresas que quieren participar en una aparente millonaria empresa de construir una barda a lo largo de la frontera y hacer que luego México pague por ella.

Los prototipos que se van a presentar en un área de unos mil 200 pies cerca de la otra barda, la construirá en 1994, van de la creatividad a la amenaza nuclear.

Una compañía propone construir el muro con paneles de generación solar y proporcionar dos megavatios de electricidad cada hora; otra quiere hacer de la frontera una atracción turística si pinta murales a lo largo del muro; una más propone rellenar con desperdicios nucleares los límites con México.

CBP tiene fechas, propuestas, la elección del sitio donde va a probar los prototipos, y sin embargo la idea comienza a esfumarse.

Esto es lo que se sabe con mayor certeza: Estados Unidos no tiene dinero para construir el muro a lo largo de la frontera, ni siquiera en parte de la frontera, y no tiene manera de hacer que México vaya a pagar por esa construcción.

La última propuesta ya no era la de levantar un muro de dos mil millas, sino nada más de 62 millas, pero se incluye un tramo que no sería de construcción sino de reparación a la barda que ya fue construida.

E incluso para esa barda que resultaría diminuta en comparación con la promesa de campaña del mandatario, el presupuesto está sujeto a aprobación en el congreso, donde los republicanos, aunque dominan la Casa Blanca, el senado y la cámara baja necesitan diez votos de legisladores demócratas se niegan en bloque a ceder a la ilusión de que se necesita otro muro.

El mes pasado 20 mil patrulleros fronterizos detuvieron a 18 mil indocumentados en la frontera. Esto significa que en promedio cada patrullero detiene a lo largo de un mes a un indocumentado, si acaso. Hay dos mil que en todo el mes no detienen a nadie. Y sin embargo el presidente prometió contratar otros cinco mil patrulleros y construir un “gran, gran muro a lo largo de la frontera”.

La idea fronteriza del presidente parece más bien empantanarse. Cómo va a convencer que se levante un muro de costo multimillonario cuando no hay dinero, para que ese muro detenga a indocumentados que ya dejaron de cruzar, y todavía aumente en 25 por ciento el personal de una patrulla fronteriza que más bien debiera descansar oficiales.

Claro que le resta la opción de generar un gran, gran miedo a la gente y justificar que la barda se necesita como protección. Pero eso tendría otro costo histórico, pues ha sido la estrategia de varias presidencias republicanas que, incluso, han llegado a arrastrar a los demócratas.

Así que no habría que extrañarse de que, ante la imposibilidad de financiar y construir el muro, mágicamente aparezca una justificación para proteger a la nación.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com

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