La Iglesia Fronteriza, que cada domingo reúne a feligreses de ambos lados de la barda limítrofe en el Parque de la Amistad, cumplió diez años ininterrumpidos de llevar esperanzas a creyentes de cualquier sendero espiritual, a los deportados y a sus familiares de todo el continente.

“Estamos convirtiendo el muro en la mesa del Señor”, dijo a El Latino el fundador, reverendo John Fanestil, “yo confío en que somos un pueblo unido; a largo plazo estas divisiones no nos van a separar, nosotros las vamos a superar”.

La Iglesia Fronteriza inició una tarde de agosto del 2007. Fanestil, quien llevaba meses intentando impedir que construyeran una segunda barda que frenaría definitivamente el paso al parque, advirtió a la patrulla fronteriza que iba a persistir hasta que dejara abierta la oportunidad de que las familias se acercaran hasta verse personalmente.

El dirigente decidió entonces celebrar comunión a través del muro metálico como una acción de resistencia pacífica.

La patrulla arrestó al reverendo Fanestil y al activista Dan Watman, pero al siguiente domingo estaban ahí, para celebrar de nuevo comunión.

Cada vez que era impedido de llegar hasta el muro, Fanestil se las ingeniaba para, sin oponer resistencia, llevar la comunión a través del muro, a veces incluso con altoparlantes.

Finalmente la patrulla accedió a dejar un portal en la segunda barda en Imperial Beach, y permitir que por ahí se aproximen las personas que llegan desde Estados Unidos en busca de sus familiares y allegados que se acercan desde Tijuana.

Fanestil y Watman habían conseguido que el muro se abriera para todos, aunque en horarios reducidos que todavía continúan, de las 10 de la mañana a las 2 de la tarde sábados y domingos. Y si llueve hay que caminar una media hora a buen paso, a veces bordeando el camino inundado, y luego del horario, caminar de regreso.

Pero a Fanestil no lo ha detenido nunca la lluvia. Cada domingo cerca de la 1 de la tarde llega y sobre el piso recargado al muro instala tal vez el altar más humilde en la región, sobre un mantelito un poco deshilachado que usa desde hace diez años, coloca un plato de madera y una copa también de madera artesanal, con un trozo de pan y a un lado una biblia en inglés.

Pero la comunión que el reverendo conduce es totalmente bilingüe. Al lado de Playas de Tijuana ofrece el servicio religioso el pastor Guillermo Navarrete. El hijo de Navarrete utiliza un sistema de sonido para cantar acompañado con una guitarra durante el encuentro.

John Fanestil pasaría un tanto desapercibido entre la gente que llega al parte excepto por tres rasgos que lo distinguen: es alto, de unos seis pies, usa alzacuellos como los sacerdotes, y llega al parque con un sombrero de paja que tampoco ha cambiado durante los años de la comunión transfronteriza.

Estos diez años “han sido impactantes para mí, en lo personal, años difíciles sobre todo para las familias separadas por las políticas de Estados Unidos, pero aquí por lo menos los domingos estamos tratando de construir esas relaciones, esos lazos de amistad”, platicó Fanestil.

El reverendo lamentó que la patrulla al final haya construido la segunda barda pero dijo que al menos los sábados y domingos las familias se pueden reunir, y cada domingo los feligreses pueden celebrar la comunión.

El reverendo fronterizo dijo confiar que a largo plazo las divisiones no van a perdurar; que las personas de buena voluntad, la fe y la amistad van a superar las actuales divisiones.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com