Miles de haitianos que venían a buscar refugio en Estados Unidos se quedaron a vivir en condiciones de pobreza en Tijuana.

“Estados Unidos los aceptaba como refugiados pero el año pasado sorpresivamente les cerró la puerta y no solo eso, comenzó a deportarlos a Haití, donde no tienen casa ni posibilidades de conseguir trabajo”, dijo a El Latino el pastor Gustavo Banda Aceves, de la Iglesia Embajadores de Jesús.

Banda intenta construir en una de las colonias más pobres de Tijuana el asentamiento La Pequeña Haití, pero el gobierno solo le ha autorizado construir tres de cien viviendas para los refugiados, así que más de 150 personas usan su iglesia como albergue permanente.

Esto fue lo que pasó:

Uno de los peores terremotos en la historia de El Caribe destruyó la capital haitiana, Puerto Príncipe en el 2010. Haití es el país más pobre en el hemisferio pero también fue la primera nación en independizarse y no solo eso, la primera en apoyar a los estadunidenses en la guerra de independencia.

Estados Unidos no olvidó esa solidaridad cuando ocurrió el terremoto y ofreció refugio, pero Brasil que se preparaba para las olimpiadas, también ofreció empleo, aunque fuera con bajos salarios, por lo que decenas de miles de haitianos viajaron a ciudades brasileñas.

Pero cuando pasó la olimpiada, terminó el trabajo y los haitianos comenzaron a viajar a Tijuana para cruzar como refugiados a Estados Unidos. Llegaron más de 20 mil, que recorrían al menos doce países, y la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) aceptaba en San Ysidro solamente a entre 50 y cien por día.

De pronto en septiembre el gobierno de Estados Unidos decidió cancelar el programa de refugio para los haitianos y comenzó a deportar a los que, bajo reglas de asilo, fueran rechazados pro no ser perseguidos, es decir a casi todos, excepto a mujeres con bebés.

Así que miles prefirieron ya no cruzar la frontera. El gobierno de México comenzó a entregarles “visa por motivos humanitarios”, con la que pueden permanecer un año en el país y renovarla de ser necesario.

Pero aunque esa visa permite a los haitianos trabajar en México, no les otorga identificación similar al Seguro Social estadunidense y por lo tanto los patrones e industrias no los pueden contratar, informó Soraya Vázquez, del Comité Estratégico de Ayuda Humanitaria de Tijuana.

“Alguna empresas sí les han dado trabajo pero no pueden ofrecerles seguro médico ni otras prestaciones”, explicó Vázquez.

Varios haitianos que se quedaron a vivir sin proponérselo en Tijuana ahora prefieren permanecer en la ciudad, muchos de ellos familias enteras y parejas jóvenes con bebés.

“Ahora México es mi nuevo país”, explicó Elicione Choles, conocida como “Lucy”, una joven cocinera profesional y enfermera que abrió un pequeño restaurante de comida haitiana cerca del centro de Tijuana.

Lucy, de los pocos haitianos que hablan español en la ciudad, tampoco se proponía vivir en Tijuana pero “en el camino a Estados Unidos me quedé aquí y me va muy bien, y es muy bonito”, explicó.

Pero muchos otros necesitan todo tipo de ayuda. Carecen de todo, especialmente de trabajo estable. Algunos encuentran trabajo como viene-viene en estacionamientos en centros comerciales, o como jornaleros en construcción, carpintería, plomería o pintura.

De acuerdo con Zoraya Vázquez, además del trabajo estable, los miles de haitianos necesitan vivienda, que los tijuanenses les renten dónde vivir y no les cobren en dólares, porque sus ingresos son muy bajos.

Y la otra carencia básica es “que les ayuden a superar la barrera del idioma”, explicó Vázquez. Como son haitianos pobres, no hablan precisamente francés, sino criollo, una mezcla de francés y dialecto, y muchos hablan también portugués, pro los años que vivieron en Brasil, pero en Tijuana, a donde llegaron a vivir sin proponérselo, apenas hay vivido unos meses con intentos de platicar en español para conseguir trabajo y socializar.

El Instituto Nacional de Migración les ha dado hasta el fin de septiembre para presentar documentos haitianos oficiales.

Haití abrió, en una pequeña oficina que ofreció una zapatería, una representación consular para entregar constancias oficiales, mientras los haitianos reciben sus pasaportes, luego de por lo menos seis meses.

Hasta donde se sabe, por lo menos cuatro refugiados haitianos se han casado con mexicanas en Tijuana, para lo que no ha importado la limitante del idioma.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com