Decenas de residentes de El Cajón alimentaron a indigentes en desafío a una ordenanza de esa ciudad que prohíbe dar alimentos a los pobres, presuntamente porque ayudarles puede contribuir a esparcir un brote de hepatitis A.

En uno de los principales parques de la ciudad, los residentes colocaron una hilera de mesas sobre las que pusieron alimentos y artículos de primera necesidad y de higiene para que las personas sin hogar tomaran lo que necesitaran.

“Por favor, corra la voz de que estamos aquí y damos alimentos”, decía una joven a cada persona desamparada que llegaba en busca de ayuda.

En 24 de octubre la ciudad aprobó la ordenanza con carácter de “urgente”, con la que prohibió “compartir alimentos si no es en eventos sociales” como cumpleaños.

Los activistas Shane Parmely y Mark Lane organizaron la respuesta.

Lane consideró ridícula la ordenanza para empezar porque dice que compartir alimentos puede contribuir a esparcir el brote de hepatitis que se originó entre personas sin hogar.

“Cierto que la hepatitis se contagia al pasar alimentos, pero estas personas necesitan comer y ellas no nos dan los alimentos a nosotros, sino que nosotros se los damos a ellos, entonces no hay forma que se pase el contagio”, dijo Lane.

Cuestionó que el cabildo de El Cajón diga que actúa para proteger la salud pública cuando los baños en ese parque, el más concurrido por indigentes, tienen meses descompuestos y continúan son repararlos.

Mark Lane opinó que en el fondo es una acción contra los pobres y desamparados que las autoridades locales de El Cajón quisieran echar de sus calles.

Cuando los residentes comenzaron a dar alimentos a los indigentes, la policía de El Cajón cerró las calles que conducen al parque pero no arrestó a nadie por violaciones a la ordenanza.

Los residentes portaban pancartas como una que decía “alimentar al hambriento es compasión, no un delito”, o “el hambre no es un delito; su política es criminal”, enb aseveración al cabildo de la ciudad.

Parmely criticó que la ciudad discrimine a las personas por su pobreza al decir que “los indigente son riesgo pero las otras personas no; ellos no deben compartir alimentos, pero si lo hacen otras personas está bien”.

En El Cajón viven entre 350 y hasta 700 personas son hogar, el número varía porque el una comunidad por lo menos parcialmente móvil debido a cambios en el clima y posibilidades de refugio.

Pero Parmely, quien es maestra y madre de familia, expresó preocupación porque, dijo, esas cifras de indigentes no incluyen a los niños, que en número pueden ser más que los adultos y son más vulnerables.

“Esa es otra razón por la que definitivamente debemos alimentar y ayudar a los indigentes”, explicó.

Manuel Ocaño

Ellatinoonline.com