SAN YSIDRO.- Eran las 9 p.m. del 28 de mayo del 2010. Parecía una noche de rutina en la garita de San Ysidro.

Los presidentes Barack Obama y Felipe Calderón habían ofrecido pugnar por una inmigración “ordenada, humana y generosa”.

Pero la aparente calma fue interrumpida por los gritos desgarradores de un inmigrante mexicano, que era brutalmente golpeado por agentes de Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), uno de ellos le aplicó descargas de energía en la cabeza con la letal arma ‘Tysser”.

De acuerdo con Christian Ramírez, coordinador nacional de American Friends Service Committee, los agentes justifican su acción diciendo que el inmigrante se habría resistido a su deportación voluntaria.

Lo increíble del hecho, dijo Ramírez, es que el incidente ocurrió en la puerta de salida que comunica al Instituto Nacional de Migración y teniendo de frente a los agentes de esa agencia mexicana. Una mujer que observó la golpiza que le propinaban al migrante llamado Anastasio Hernández. Y gritó: “están matando a un hombre”. Estos son hechos son parte de las dudas por aclarar, dijo Ramírez.

Anastasio corrió la peor suerte la aparente negligencia en procedimientos de los agentes federales, le costaron la vida al no sobreponerse a la muerte cerebral causada por el Tysser y golpes.

Este 28 de mayo se cumplió un año del hecho, sin que hasta ahora los agentes participantes hayan recibido castigo alguno.

Por ello, familiares y activistas reclamaron de nueva cuenta, justicia, en una manifestación efectuada en la puerta de San Ysidro.