Washington, 20 jun (EFE).- Las alergias alimentarias afectan a uno de cada 13 niños estadounidenses, el doble de lo estimado en la anterior investigación de las autoridades sanitarias del país, según un estudio publicado hoy en la revista especializada «Pediatrics».

El fenómeno atañe a unos seis millones de niños, un 8 por ciento de la población infantil, o lo que es lo mismo, dos alumnos en cada clase de una escuela, de acuerdo con el estudio liderado por la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern, en Chicago (Illinois).

Las alergias más comunes son las que generan una reacción a la leche -un 25 por ciento- o a los cacahuetes -21 por ciento, seguidas del marisco -17 por ciento.

Alrededor del 40 por ciento de los niños afectados sufren de reacciones graves, un dato en el que los investigadores confían para acabar con la percepción de que las alergias alimentarias no son realmente peligrosas y actúan como una fiebre que acaba remitiendo.

«El estudio confirma que las alergias alimentarias son un importante problema de salud pública», dijo el investigador del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, Calman Prussin, que colaboró en el trabajo.

Las alergias son más comunes entre los niños que entre las niñas, afectan más a los que tienen 2 años o menos y en un 30 por ciento de los casos, son múltiples -generan reacción a más de un alimento, según el estudio.

Además, varían por grupos étnicos: los niños asiáticos y afroamericanos tienen más tendencia a padecerlas que los blancos y los hispanos.

No obstante, los niños blancos tienen, a su vez, más probabilidades de obtener un diagnóstico confirmado que los asiáticos, los afroamericanos y los hispanos.

Por otra parte, los menores que viven en hogares con un ingreso menor a los 50.000 dólares anuales tienen menos probabilidades de padecer alergias alimentarias.

La última estimación oficial, revelada por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en 2008, calculaba que un 4 por ciento de los niños tenían alergias: alrededor de 3 millones.

Mientras que entonces los investigadores recurrieron a encuestas telefónicas, en este caso se basaron en cuestionarios electrónicos rellenados por los padres de un total de 40.104 niños de 18 años.

Ese método y la definición de lo que constituye una alergia alimentaria marcaron la diferencia entre las dos estimaciones, según Prussin.

La intolerancia a la lactosa, por ejemplo, no debe incluirse entre las alergias, puesto que causa problemas digestivos e hinchazón, pero no una reacción propiamente alérgica, indicó.

Al contrario que los anteriores, el nuevo estudio preguntó a los padres si sus hijos mostraban alguno de los síntomas más típicos de una alergia digestiva, como la irritación de la piel, la dificultad al respirar, los resuellos o la tirantez en la garganta.

El estudio estuvo financiado por el grupo de investigación Food Allergy Initiative, que trabaja con el CDC para elaborar una directiva nacional que oriente a las escuelas a la hora de enfrentarse a las alergias alimentarias.

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