Por: © 2011 Armando Caicedo

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Este 4 de julio celebré, con patriótico entusiasmo, mis primeros once años de vivir del humor.

Nadie me felicitó. Al contrario, los mensajes que recibí me advirtieron que era estúpido celebrar el aniversario “once”.

Pero es que el año pasado, cuando me proponía a celebrar mi “Décimo Aniversario”, botando la casa por la ventana … el banco se me adelantó, y me botó de mi casa.

Como en este país no es políticamente correcto destapar unas cervezas… sin justificación… la causa más noble que encontré fue mi aniversario “once”.

Si deseas participar en este evento, no te molestes en comprarme otra corbata. Estoy recibiendo, desde bonos del Tesoro, hasta cheques posfechados. (Incluso, en casos extremos, recibo dinero en efectivo)

Aprovecha la oportunidad. Organiza un reventón. Cualquier excusa vale.

Mi primo Eurípides tan pronto se separó de su mujer, invitó a una rumba. Para no ofender a su “ex”, la invitación no menciona “fiesta de divorcio”. Técnicamente invita a una reunión de compadres para su “despedida de casado”.

Es casi lo mismo, pero desde un ángulo más divertido.

Los vecinos de mi edificio, que viven políticamente divorciados, coincidieron en organizar –cada grupo por su lado- sendas fiestas partidistas. Los demócratas celebraron los 895 días de la llegada de Obama a la presidencia. Los republicanos -para contradecirlos- celebraron los 895 días de la despedida de Bush de la Casa Blanca.

Ambos grupos se divirtieron como enanos.

Cualquier justificación vale, con tal de destapar una sixpack e invitar a los carnales.

Mi tía Emperatriz invitó a sus amigas a tomar cerveza, por prescripción de su urólogo. ¡Qué iluminado médico! Todas las vicarias le celebraron -entre aplausos- los cinco cálculos renales que la vieja pudo expulsar.

El mismo día, un grupo de señoras del vecindario se inventaron un picnic patriótico. Celebraron los 279 años, 4 meses y 12 días del nacimiento de George Washington.

Me contaron que un grupo de banqueros (de cuyos nombres prefiero no acordarme) destaparon champaña y desnucaron caviar para celebrar las primeras 4 millones de casas reposeídas, desde el 2006.

Para rumbear, sobran pretextos. Debajo de un puente presencié una fiesta de infarto. Un grupo de desempleados celebraban su cuarto aniversario en el asfalto.

¡Ánimo! La gente celebra cualquier cosa.

Dicen que Hugh Hefner –el viejito dueño de PlayBoy- está celebrando la última advertencia de su médico: “si continúas tomando viagra te vas a quedar sordo”. La invitación promete champaña y rubias de infarto, pero cancelaron la música.

Una fuente confiable -en condición de anonimato- me sopló que la gobernadora de Arizona y el Sheriff Arpaio preparan un reventón de madre, para celebrar el primer millón de deportados en este año.

Para finalizar, abrigaba la esperanza de invitar al señor Cucunubá Pérez -único lector que me envío una extensa carta sobre mi aniversario- a que tomáramos un par de chelas. Pero desistí por encontrarme anémico de recursos.

El tipo me confiesa en su carta que, muy a su pesar, me ha soportado durante once años -“con la fidelidad de un perro recogido”- obligado por la promesa que le hiciera a su vieja, antes que ella estirara los tenis: cumplir con dos “obras de misericordia”.

  • Dar de comer al hambriento.

  • Y leer al cretino.

A los tres lectores, que transcurridos once años aún me soportan, gracias. Les ruego no enviar flores.

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