Por: © 2011 Armando Caicedo

Aquí van las cinco frases que a cualquier despistado de salario mínimo –como yo- le provocan un soponcio.

Primera Frase: “Mis padres quieren conocerte”

  • Cariño, si tus padres desconfían de mí, yo les envío mi hoja de vida, tres recomendaciones de parientes políticos, mi reporte de crédito y una prueba de ADN.
  • Escucha cretino. Ellos quieren conocerte en persona. Si te niegas, se acabó esta relación

Ante semejante advertencia los nervios te traicionan, sientes sudadera en las manos, rasquiña en la retaguardia y la bilirrubina se te trepa al nivel de las anginas.

De entrada, uno no sabe si acudir a la cita disfrazado con corbata o presentarse fresco y natural. (“Fresco y natural” significa: jeans rotos, sandalias de peregrino, arete de cobre en la nariz y un “piercing” atornillado en la lengua)

A la hora de la verdad, no importa la pinta. Nunca –nadie- pasa la primera entrevista ante los suegros.

Segunda frase: “No me llegó aquello”.

Ella monta un ambiente de melodrama, digno de una película de suspenso:

  • Siéntate. Quiero que hablemos en serio.

Uno le suplica al de Arriba que “aquello” que no le llegó sea la enciclopedia que ella compró por Internet, o la que no llegó fue su tía política que le anunció una visita .

El stress que provoca el “no me llegó aquello”, activa los pensamientos más pesimistas.

Uno se imagina en la televisión, rodeado por diez guardaespaldas, al tiempo que una tal señorita Laura, te paraliza con el berrido: “¡Que pase el desgraciado!”

Tercera Frase: “La autoridad quiere hablarle. Usted es una persona de interés”.

Semejante frase -grabada en el contestador del celular- provoca una dolorosa indisposición intestinal, mezcla entre culillo y pánico.

Uno le reza a las Once mil Vírgenes, pidiéndoles un milagrito. ¡Ay! que eso del “interés” corresponda al abusivo interés de las tarjetas de crédito, y no a un lío con la policía.

Cuarta frase: “Estamos en recesión”.

¡Ay! ¡Virgen del Agarradero! ¡Qué confusión! Uno ya no sabe si se trata de la misma recesión del Bush -que todavía no se acaba- o se trata de una recesión nueva, virgen, “cero millas”, lista para estrenar.

A estas alturas ya se acabaron los huecos para apretarse el cinturón y uno tiene que decidir, entre regalar el perro, o compartir el único hueso disponible en casa, con el mejor amigo del hombre.

La situación se ha vuelto tan difícil, que cuando los hijos de mis vecinos quieren repetir sopa, sus padres les dan gusto. Organizan a los escuincles para que repitan: “sopa, sopa, sopa”.

Quinta frase: “El libre mercado es tan sabio que se autorregula y lo arregla todo. El gobierno no debe intervenir”.

¡Qué frase tan sabia!

No hagan nada, que antes de 75 años, el tal “libre mercado” corregirá el desempleo.

Con mucha fe, antes de los próximos 100 años, el “libre mercado” nos devolverá las casas a las millones de familias que ya perdimos nuestros hogares.

Con una pizca de resignación, la sabiduría del “libre mercado” corregirá el deterioro en la calidad de vida de 300 millones de ciudadanos.

¡El gobierno no debe intervenir! ¡Jamás! (Bueno… a no ser que la intervención del gobierno tenga como propósito salvar a los grandes bancos de la quiebra)

VERBATIM

“La angustia que más me hace recordar al gobierno es la escasez de dinero”

Un banquero.