Por: Iliana Berezovsky

y Becky Krinsky

Estar sano es una de esas grandes cosas que se tiene y que en muchas ocasiones no sabemos valorar mientras duran. Estar saludable implica cuidar el cuerpo así como también tener una buena actitud, pensamientos positivos, ser amables y agradecidos. La salud es indispensable y no tiene precio.

Amelia ganó su primera batalla contra el cáncer y sentía que lo había ganado todo. Después de varios meses de tratamientos pudo salir adelante.

Lamentablemente, paulatinamente comenzó a descuidar su nutrición, su descanso y a tener relaciones conflictivas con otros. Su estrés aumentó rápidamente. Se le olvidó que a pesar de que ella se sentía bien su cuerpo le estaba pidiendo paz, tranquilidad y atención. Amelia comenzó a sentirse nuevamente mal y la enfermedad le regresó.

Hoy sabe que tiene que iniciar una vez más su lucha y está lista para hacerlo. Aprendió que no hay discusión ni problema suficientemente significativo que le haga olvidar que la salud es lo más preciado y se puede perder en cualquier momento.

Debemos valorar cada día que estamos sanos y podemos disfrutar de lo que la vida nos ofrece.

La salud es lo primero

Ingredientes:

• 1 taza de buena actitud

• 1 taza de disciplina

• 2 cucharadas de decisión

• 1 manojo de gratitud

• 3 gotitas de fe

Condimentos indispensables:

Buena nutrición, ejercicio y descanso

Recomendación del chef: Mantener un cuerpo saludable permite disfrutar la vida.

Modo de preparación:

  1. La salud es una condición valiosa. Si se le pudiera poner precio a la salud, muchos que sienten que no tienen nada se darían cuenta lo poderosos y afortunados que son ya que la salud es lo más valioso que existe. Cuando uno valora lo que tiene se convierte en una persona feliz y agradecida.
  2. Estar sano es una responsabilidad y obligación personal. Sin salud no se puede vivir, servir o cumplir con la misión en la vida. Cada quien sabe lo que debe hacer para cuidarse; uno tiene que alejarse de todo aquello que lo puede dañar, lastimar o perjudicar.
  3. La salud mental afecta directamente a la salud física. La tranquilidad emocional, la paz espiritual, el descanso, la buena nutrición, el ejercicio y la fe complementan y aseguran la salud física. Cuando la persona está tranquila y satisfecha el sistema inmunológico y la calidad de vida mejoran.

Una persona sana física y mentalmente es una persona contenta, fuerte y capaz de luchar por la vida por más difícil que esta sea.

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