Algunas actividades habituales durante las vacaciones de verano y cierta relajación en los hábitos de higiene oral pueden hacer que la salud dental se resienta. Les ofrecemos algunos consejos para cuidar la dentadura en la época estival.

“Uno de los principales peligros para nuestros dientes durante los meses de más calor es la deshidratación. Además, solemos tratar de paliar la sed con bebidas azucaradas o carbonatadas, que son perjudiciales para los dientes”, señala el odontólogo Iván Malangón.

Asimismo, el especialista explica que, si la boca se deshidrata, segrega menos saliva y por lo tanto es más propensa a infectarse e inflamarse. Por ello, Malangón recomienda beber más agua que de costumbre en esta época.

La fundamental

hidratación

Mantener la hidratación de la cavidad oral favorece la segregación de saliva. Según indica el odontólogo, este fluido “es esencial para defendernos de la caries, ya que diluye y elimina los azúcares, mantiene constante el PH de la boca y aporta el calcio y el fosfato necesarios para remineralizar el esmalte”.

La caries está causada por la placa dental. Tal y como detallan los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra (norte de España), si el crecimiento de las bacterias dañinas que se encuentran en la boca no se controla con el cepillado, estas se multiplican y se adhieren a los dientes formando la placa dental.

“Las bacterias se alimentan de restos de comida, especialmente de azúcares, y producen un ácido que daña el esmalte dental, lo que provoca la entrada de bacterias al diente y causa la caries”, añaden.

Iván Malangón subraya que “la caries es una enfermedad contagiosa que se transmite de persona a persona a través de la saliva. Por lo general, es la madre quien se la contagia a su bebé en los primeros dos años y medio de vida, algunas veces incluso a través de los besos”.

El odontólogo advierte de que hay que tener mucho cuidado a la hora de probar la comida de los pequeños o al compartir alimentos. AsÌ, con un gesto tan sencillo como ofrecer un poco de helado a otra persona, o tomar un bocado del suyo, podemos transmitir o contraer esta patología.

Pero la caries también puede proliferar durante las vacaciones por falta de cepillado. “El verano es la típica época en la que nos olvidamos de las obligaciones diarias y, a nivel dental, este comportamiento puede traer consecuencias negativas”, afirma Malangón.

El odontólogo manifiesta que no cepillar los dientes con la frecuencia necesaria incrementa el riesgo de sufrir caries, enfermedad de las encías y, en último término, la pérdida de dientes.

“La costumbre de picar entre horas no favorece tampoco la higiene bucal, por lo que después de ingerir alimentos entre comidas es recomendable, al menos, enjuagarse la boca varias veces”, afirma el especialista.

Aunque lo ideal sería cepillarse los dientes después de cada comida, esto no siempre resulta posible en vacaciones, dado que comer o cenar fuera de casa es mis frecuente de lo habitual. En estos casos, masticar un chicle sin azúcar puede servir como solución provisional, en opinión del experto.

“Durante la masticación de un chicle sin azúcar estimulamos la secreción de saliva, de manera que favorecemos la protección contra la caries que nos aporta este fluido oral. Por otro lado, al masticar un chiche hacemos un efecto de barrido sobre la superficie de los dientes. Por ello, ante la imposibilidad de cepillar los dientes en un momento puntual, se puede recomendar mascar chicle”, apunta Malangón.

No obstante, el odontólogo recalca que el hecho de masticar un chicle no sustituye al cepillado ni al hilo dental en la tarea de mantener una correcta higiene de la cavidad oral.

Del mismo modo, el especialista recalca que el cepillado de antes de dormir es el más importante porque “durante la noche los ácidos que dañan los dientes se forman con más facilidad, ya que se segrega menos saliva. Además, el hecho de tener la boca cerrada crea las condiciones favorables para que las bacterias proliferen”.

Hipersensibilidad dental

Otro problema frecuente en verano es la sensibilidad dental. “En esta época del año es más habitual notar mucha sensibilidad en los dientes cuando se bebe algo muy caliente o muy frio. Por ello, lo más recomendable es evitar los grandes cambios de temperatura que se producen al ingerir alimentos fríos y alternarlos con otros muy calientes, sin permitir que los dientes se aclimaten”, manifiesta.

La dieta también puede ayudarnos, al menos en parte, a solventar este problema. “Los lácteos, los huevos, el pescado y la carne de vaca y pollo favorecen la absorción del calcio necesario para evitar esa hipersensibilidad dental. Por su parte, la naranja y el pomelo, frutas ricas en vitaminas C y A, flúor y calcio limpian los dientes, los fortalecen y combaten a las bacterias. Mientras, la zanahoria, el plátano o las espinacas contienen flúor, lo que es favorable para las piezas dentales y el esmalte”, expone.

“En cambio, las bebidas carbonatadas reducen el PH bucal y favorecen la aparición de sensibilidad”, afirma.

También debemos ser conscientes de los efectos que los deportes acuáticos pueden tener sobre la dentadura.

En este sentido, Malangón explica que a los nadadores, que exponen sus dientes al agua con cloro y con otras sustancias químicas, se les acumula el sarro más frecuentemente que al resto.

“Las proteínas salivales se descomponen rápidamente en contacto con el PH del agua de la piscina y forman depósitos orgánicos de color marrón en los dientes, lo que se conoce como el sarro de los nadadores”, expresa.

Además, según indica Malangón, el buceo puede acarrear dolor de mandíbula si la boquilla del regulador de aire no se coloca correctamente.

“También es frecuente el síndrome de la boca del buzo, llamado barodontalgia, un problema causado por el cambio de presión de aire, sobre todo si el buceador tiene grandes caries, empastes o las encías inflamadas o infectadas”, apunta.

Acudir a la consulta del odontólogo es otra de las tareas a tener en cuenta para que nuestra salud dental no resulte perjudicada.

“Como si de una revisión del coche se tratara, siempre es bueno hacer una valoración del estado de nuestros dientes antes de pasar unos días lejos de nuestro dentista. El objetivo es evitar imprevistos, puesto que normalmente en verano descuidamos la higiene y sometemos a los dientes a esfuerzos, pues tienen que adaptarse a las bebidas frías, helados, etc.”, comenta Malangón.

No obstante, el experto destaca que si hacemos nuestras revisiones periódicas cada seis meses “no debería existir ningún problema”.

Pero no todo son inconvenientes, ya que el verano también tiene efectos positivos para la dentadura.

“El sol emite rayos ultravioletas que, como resultado de la reacción que tienen con el colesterol, producen vitamina D. Dicha vitamina hace que los huesos permanezcan fuertes y que los dientes se mantengan bien anclados a ellos”, aclara Malangón.

Así, aunque la mayoría de las vitaminas y minerales hay que tomarlas en los alimentos, “en el caso de la vitamina D, el metabolismo cuenta con este as en la manga”, destaca el odontólogo.

EFE

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