El pan y el vino son los elementos naturales que Jesús tomó en el contexto de la cena pascual o última Cena con sus apóstoles, para que simbolicen y se conviertan en su cuerpo y su sangre, y lo hagan presente en el sacramento de la Eucaristía.

Además de un poderoso simbolismo ese sencillo menú˙ esta· cargado de virtudes para la salud humana, “pero estamos asistiendo, a nivel mundial, a la demonización de alimentos ancestrales y entre ellos se encuentran el vino o el pan,” explica la doctora Mónica Katz, directora de cursos de nutrición en la Universidad Favaloro, en Argentina.

Según Katz este fenómeno se relaciona con el crecimiento de las enfermedades crónicas no infecciosas y la obesidad, pero lo cierto es que los humanos hemos consumido estos alimentos y bebidas desde tiempos remotos y la prevalencia de estas enfermedades es reciente.

Demonizar alimentos o bebidas resulta una estrategia poco efectiva para combatir las enfermedades crónicas por malnutrición o por exceso de alimentos, enfatiza.

Nadie habla de consumir alcohol excesivamente ni exagerar el consumo de pan. La idea es hacerlo en porciones controladas, por ejemplo, recurriendo a botellas para consumo individual, si hablamos de vino”, recomienda esta experta.

El vino y la paradoja francesa

El pan es una fuente básica de energía disponible pues contiene un elevado porcentaje de hidratos de carbono. Si podemos elegir los de harina integral, obtendremos el beneficio extra de la fibra vegetal y una absorción lenta de esos hidratos. Por otro lado, aporta vitaminas del complejo B, centrales en la obtención de energía a partir de los alimentos, explica.

“Por su parte, el vino es un componente central de la dieta mediterránea y de la llamada “paradoja francesa”, que consiste en que algunas poblaciones de Francia tienen bajo riesgo cardiovascular, a pesar de ingerir grasas saturadas”, indica.

Según Katz, el efecto protector de esta bebida se debe a que contiene unos compuestos llamados bioflavonoides, con efectos positivos sobre fenómenos inflamatorios, cáncer, envejecimiento o enfermedad cardiovascular.

“El rey de los vinos es el tinto, y son recomendables cualquiera de sus variedades en función de los tipos de uva, como tannat, cabernet sauvignon, merlot o malbec, entre otras”, destaca esta experta, y añade que su efecto saludable se debe a la presencia de procianidinas y resveratrol, entre otros ingredientes.

Por su parte, el pan puede ser la base de buenos desayunos, refrigerios, colaciones o comidas principales en forma de sándwiches, con vegetales y pescados, o con carnes magras, y es interesante consumir preferentemente los de harinas con adición de semillas y nueces.

Para ser más saludable el pan debe contener grasas bajas, que están presentes en el pan francés o el árabe, o grasas saludables como el omega 9; y cero grasas trans, o sea, aceites vegetales hidrogenados”, recalca.

Dado que en Semana Santa, como en todo periodo vacacional, solemos comer y beber en exceso, la doctora Katz recuerda que, en el caso del vino, el consejo en relación con la cantidad es “una copa diaria para mujeres y dos para hombres, y hay que tomarlo siempre con comida, como parte del menú˙”.

Si de panes se trata, conviene elegir versiones en piezas pequeñas de no más de 70 gramos, señala esta médica argentina.

Claves para dos alimentos

“El pan aporta energía por el almidón presente en la harina, y contiene proteínas que forman el gluten, que es variable de acuerdo al tipo de harina”, explica a Efe el doctor César Casavola, médico nutricionista Presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, SAN.

Según Casavola, “las harinas enriquecidas por ley, en algunos países como Argentina, aportan acido fálico, Vitamina B1, B2, Niacina, hierro, calcio, pueden tener alto contenido de fibras, si son integrales y también pueden aumentar su contenido nutritivo con el agregado de semillas”.

Por su parte, “el vino tiene componentes antioxidantes como el resveratrol, que aporta beneficios cardiovasculares”, completa.

EFE

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