CHULA VISTA, CA.- “Hasta que te conocí”, la serie de televisión que ha roto récord de audiencia porque revela aspectos inéditos de la vida de Juan Gabriel, ha vuelto a ser programada por TV Azteca, México, en reconocimiento al legado musical dejado por el llamado ‘Divo de Juárez”.

El primer hecho impresionante es que la serie terminó justo el domingo 28 de agosto, cuando el compositor e intérprete michoacano falleció de un inesperado ataque al corazón en su residencia de Santa Mónica, California, al grado que no faltó quien pensó que la noticia sobre su muerte se trataba de ‘un truco publicitario’ para aumentar la audiencia, pues esa noche se presentaba el último capítulo.

Pero entre los datos reveladores y poco conocidos de la vida de Juan Gabriel y confirmados por el mismo destaca la manera en que se eligió ese nombre artístico del joven que de nacimiento llevaba el de Alberto Aguilera Valadez, por ser hijo de los campesinos Gabriel Aguilera Rodríguez y Victoria Valadez Rojas.

Siendo el menor de 10 hermanos (aunque fallecieron 3, dos de ellos fallecerían cuando eran bebés quienes llevaron por nombre Rafael y Rosa), y cuando Alberto apenas tenía tres meses, vino la primera gran tragedia para su familia.

Amargo incidente

El primer incidente ocurriría cuando un hombre quien bebía dentro de una cantina del pueblo se referiría con malicia a su esposa, lo que molestó a Gabriel Aguilera, quien se lió a golpes con el individuo. De pronto, el sujeto sacaría un filoso machete y en defensa de su vida el padre de Alberto, se lo quitaría y le provocaría algunas lesiones, incluido el corte de una oreja, y aunque el mismo sobrevivió, el padre del compositor sería encarcelado.

Aunque saldría de prisión, el sistema nervioso de su padre ya se encontraba dañado pues salir de la cárcel no fue suficiente para el campesino Gabriel Valadez, pues las amenazas del hombre que lesionó en la cantina y la familia de éste le ocasionaron un gran miedo de que se pudiera desquitar con su familia.

A estos lamentables sucesos, se sumaría al apocalíptico comentario de un cuñado suyo de que “el mundo se acabaría y todo se pondría oscuro” y el miedo que lo ocasionaría la erupción del volcán Paricutín, se agregarían a una realidad más grave: cuando su padre Gabriel realizaba la tradicional tala y quema en preparación de la próxima cosecha, el viento provocó la invasión de los pastizales próximos, provocándole un estado de ‘schock’ que le haría perder la razón.

Variadas versiones;

un trágico final

Hay diversas versiones, sin embargo, sobre la causa de este incendio que tanto impactó en la vida de los hermanos e incluso una mujer del pueblo, que era vecina de la familia de Juan Gabriel, afirma que habría sido por imprudencia de alguien que habría tirado ‘una bachicha’ de cigarro.

Ante estos infortunados incidentes, Gabriel Aguilera sería internado en un hospital psiquiátrico de la ciudad de México, llamado La Castañeda, del que se escapó una primera vez, pero afectado por su amarga realidad y los nervios aumentados posiblemente por ‘electrochocks’ que le aplicaron contra su voluntad en el hospital siquiátrico, ya no fue el mismo y de nueva cuenta lo tuvieron que internar, sin que se supiera nada más sobre él.

Luego de que un propietario de una panadería le ofrecería comprarle al niño, cosa que finalmente su madre no aceptaría, frente a la crítica situación económica por la que atravesaba la familia, su madre Victoria Valadez no tuvo más opción que vencer su orgullo y acudir con un ex novio quien le prestó el dinero para que pudiera salir del pueblo, y acompañada por todos sus hijos, dentro de los que destaca su hija Virginia la joven que siempre cuidó de Alberto, llegarían la frontera de Ciudad Juárez, la que habría de ser la nueva ‘casa’ de quien con el tiempo sería el más querido compositor juvenil.

Pero los duros momentos para la familia y el niño Alberto, (cuyo nombre lo habrían elegido por el personaje, el doctor Alberto Limonta de la popular serie “El Derecho de Nacer”, que escuchaban en un viejo radio, no terminarían con su exilio a Juárez.

La pobreza que vivieron en su pueblo de Parácuaro, simplemente se vino a reproducir y a complicar, y la vida del compositor quedaría marcada con el amargo recuerdo del momento que en que su madre Victoria internaría al pequeño Alberto, cuando este tenía alrededor de 4 años de edad, en un Orfanato.

Otro hecho es que fue tal la tristeza que produjo en el niño Alberto su obligada reclusión en el Orfanato, es que da tanto buscar la manera de escapar, lo logró y de no ser por una humilde mujer que le pintaba la cara de payasito y lo llevaba a en la calle donde lo recogió y después de algunas semanas, y ante la presión que para ella representó un mensaje de localización emitido por su hermana Virginia, la mujer lo dejaría frente a la comandancia de policía, a donde acudirían su madre Victoria y su hermana Virginia, para rescatarlo. Aunque quizás podría no haber corrido con tanta suerte, pues sería localizado por sus familiares; sin embargo, desafortunadamente para él, de nuevo recluido en el Orfanato.

En sus primeras melodías: “No tengo dinero” y “Juárez” (ésta última del álbum “Recuerdos”), se refiere a ambas realidades: su estado de pobreza y su amor por la nueva ciudad que lo cobijaba.

Conoce a Don Juan Contreras

Pero también alude en esta última a sus maestros y menciona tres veces el nombre del más querido de ellos: JUAN, JUAN, JUAN, aquél ancianito que tuvo que escoger entre un grupo de candidatos. Y después narraría el motivo de su selección: le recordaba a su amado abuelo, aquel que le daba “chocolate calientito” y siempre lo acompañaba, por lo que siempre le guardó un perdurable recuerdo.

Relataría después que aunque la mayoría de los niños que se encontraban en el Orfanato se burlaban de Juan (Contreras) y se tapaban los oídos para no escuchar los acordes del violín, pues les parecía desafinado y no les gustaba, aunque era verdad, a él le encantaba estar con él, y sería a la postre su gran amigo, confidente y primer maestro musical, quien le enseñó las primeras notas…el DO, RE, MI…etcétera.

Un momento crucial de su vida fue cuando inspirado en el dolor que le produjo presenciar el momento en que uno de los niños del orfanato, con una piedra impulsada por una resortera quitó la vida a una paloma, la que tomó con gran tristeza e impotencia.

Su primera composición

Pero quién le iba a decir a Alberto que ese sería el preludio de la primera expresión inspiración musical de su vida como compositor, porque de esta amarga experiencia vería la luz su primera y una de sus más bellas melodías: La Muerte del Palomo. ¿Te das cuenta, Alberto, acabas de componer tu primera canción?, le dijo emocionado su maestro Juan, cuando el compositor michoacano tenía 13 años de edad. Cabe recordar que el muchacho le regalaría un violín, como agradecimiento, poco antes de que su amado amigo falleciera. Cabe hacer mención que es a esa edad cuando Alberto Aguilera sale del Orfanatorio para vivir con su maestro, y juntos se dedicarían a vender artesanías.

No se puede abordar la vida de este fructífero compositor e intérprete mexicano si no se hace mención del momento que el joven se fue de su casa para probar suerte como artista, a lo cual su familia se opuso fuertemente (al grado de que alguna ocasión fue golpeado salvajemente, con el consentimiento de su madre, por un hermano por ello y por su orientación sexual), lo que lo obligó no pocas veces a dormir en calles, sobre cartones.

Conoce el NOA, NOA

Pero las calles también le abrirían una primera gran puerta: conocer el popular bar NOA, NOA, el primer sitio donde habría de probar su calidad como intérprete y compositor, aún cuando inició cuando era un menor de edad.

El que en principio llevara el nombre artístico de Adán Luna, en sus viajes a la capital del país, buscando grabar sus composiciones, de nuevo se enfrentaría al peor momento de su vida cuando al ser convencido por una mujer que cantara en una lujosa casa (donde se encontraban jóvenes que consumían drogas y amantes de ‘la dolce vita’, sería injustamente acusado y encerrado en la prisión tristemente célebre llamada ‘Palacio Negro de Lecumberri”.

Abandona el “Palacio Negro” y salta a

la fama como compositor e intérprete

Después de tiempo de gran sufrimiento, gracias a su amiga y entonces popular cantante Queta Jiménez “La Prieta Linda”, y la influencia que esta última ejercía el entonces director del penal, logró salir de ese oscuro momento de su vida, para encumbrarse a los niveles hasta donde llegó antes de que fuera sorprendido por la muerte.

Hablando con sus productor musical Enrique Okamura se le ocurriría una afortunada idea: llevaría el nombre de Juan Gabriel, en honor a su querido maestro y amigo y su padre, al cual nunca conoció.

Y terminaríamos con su frase lapidaria que Juan Gabriel expresa en una reciente entrevista a una reportera y la cual queda para la historia en referencia a la forma en que lo trató su madre y su familia: “al principio no hallaban que hacer conmigo, pero después no hallaban que hacer sin mí”.