NATIONAL CITY.- Sin siquiera imaginárselo ni proponérselo,  pues aunque no estuvo directamente involucrada, Gloria Salas habría de adoptar un liderazgo clave para recordar a las víctimas de la Masacre del McDonalds de San Ysidro, la peor tragedia en la historia de la frontera San Diego-Tijuana.

A punto de cumplirse el miércoles 18 de julio, 34 años de este lamentable suceso que enlutó a más de una veintena de familias, en entrevista con El Latino   efectuada en la Biblioteca de National City recuerda:

“Eran como entre 3 y 4 de la tarde. Yo estaba en mi estaba en mi casa, vivía en San Ysidro, precisamente en los departamentos Vista Terrace Hill, que está enfrente de Villanueva…No trabajé ese día, mis hijos estaban en la escuela y cuando escuché que había ocurrido esa desgracia tan grande, que había muerto tanta gente, me indigné, me dio mucha tristeza, una mezcla de sentimientos encontrados”.

Liderazgo involuntario

Relató que sin pensarlo, se dirigió al sitio donde ocurrió la masacre y las imágenes que vio no pudieron ser más dramáticas y aterradoras: “Era una cosa horrible, sangre por dondequiera, afuera del McDonalds”.

Recuerda que “en ese tiempo el negocio regalaba unos barquillos de nieve y por eso iban los chiquitos, pues los niños estaban de vacaciones escolares”.

Especialmente doloroso e impactante para ella fue enterarse que los hijos de las señoras Guadalupe Flores y Hernández, uno de 10 y otro de 12 años de edad, (y quienes llegaron en bicicleta) perecieron junto a las 22 personas asesinadas esa tarde por el ex veterano de guerra John Huberty, quien habría dicho que, de acuerdo con los medios de prensa, ese día “saldría de cacería”.

Víctimas inocentes

“Eran personas que no estaban en un bar, que no estaban en un lugar malo, eran criaturas inocentes que iban simplemente por un barquillo; no era justo, el hombre simplemente llegó (y los balearon)”.

Pero la reacción de Gloria vendría esa tarde cuando su entonces novio y quien luego sería su esposo, ya fallecido, Roberto Ruvalcaba, le confirmaría una noticia que le pareció desagradable y que faltaba al respeto de la memoria de las víctimas y sus familiares: que iba abrir el lunes. “Allí fue cuando me dije: No, no puede ser, cómo lo van a hacer con la sangre derramada ahí”.

Indicó que aunque solicitó el apoyo de hombres de la política que conocía, amigos, conocidos y contactos para impedir que el lugar se reabriera,  pues “todos me dijeron que me apoyarían, el plan era ir a las 7 a.m. del viernes, pero sólo de palabra, no hicieron nada; también invité a mis hermanas y parientes a que me acompañaran; pero nada, pasó lo mismo, se negaron”.

Pero no desistió y fue un yerno “de mi cuñada Blanca Urrea, que escribía muy bonito y  se llama Ernesto, quien me escribió un cartelón muy largo y me aconsejó que le pusiera Memorial Park”.

“Tenía mucho miedo”

“Entonces estacioné mi carro en frente. Tomé el rollo de papel (con el cartelón en el que estaba escrito el texto –Memorial Park-), cuando crucé a pie la calle, sentía una rara sensación, que se hundía el piso, que se movía la calle y me entró temor; me entró mucho miedo, pensé que me podrían meter a la cárcel…Pero una fuerza muy grande me hizo cruzar, no puedo ni explicar qué fue lo que me inspiró, la injusticia más que nada”.

“Al llegar, me vieron los policías y vieron que traía ese rollo; lo puse en el suelo, no me dijeron nada. Yo me dije: me van a agarrar y me van a subir o X, pero no me dijeron nada. Entonces tomé el papel y lo extendí en la calle; entonces llegaron los policía y lo vieron y no me dijeron; incluso me ayudaron a colgarlo”.

Y el anhelo de Gloria Salas pronto se convertiría en realidad, pues tuvo oportunidad de abordar a la entonces dueña de los McDonalds, Joan Kroc, a la que le pediría que no abrieran más y la respuesta fue directa: “Me dijo, no te preocupes, todo se va a arreglar”.

La gran noticia

“Yo estuve yendo al lugar más de un mes y uno de esos días llegaron unos señores en un carro negro y preguntaron quién era Gloria, les respondí que yo y me dijeron. Tenemos alguien que quiere hablar con usted, y ¡era la señora Kroc!”.  Durante la charla, le comunicaría una noticia inesperada pero extraordinaria. “!La tienda  McDonald no se abrirá más y ahí está el terreno para que se haga lo que quieran!”.

En efecto, el predio duraría 5 años baldío hasta que fuera adquirido, mediante compra, por Southwestern College San Ysidro, que periódicamente realiza una ceremonia a la memoria de las víctimas y de solidaridad con los familiares de la masacre, un dato que por cierto, irónicamente, Gloria desconocía, pues dijo, que la última vez que tuvo conocimiento data de más de una década.

Por ello, la entrevistada se comunicó con Silvia Cornejo, organizadora del evento con SWC, quien le dijo que, en efecto, las personas podrán reunirse en Memorial Park, en San Ysidro, el miércoles 18 de julio, partir de las 9 a.m. en adelante y les sugirió que llevaran fotos y todos los recuerdos que tengan como testimonio documental.

Invitación a la comunidad

Gloria invitó las personas interesadas en información sobre la ceremonia con la cual se recordará a las víctimas de la masacre, favor de llamarle a su celular al (619) 259-8435 al o al teléfono de su casa al (619) 477-0671.

Dentro de esta terrible tragedia, que Gloria recuerda cada día de su vida, y el duro impacto emocional que significa para las familias y la comunidad lastimadas por el hecho, resplandeció una luz en medio del túnel, pues paradójicamente, subrayó, con esta tragedia ha llegado y siguen llegando recursos y desarrollos que antes no se tenían en San Ysidro.

Gloria durante la entrevista con El Latino. Foto: Horacio Rentería.
El terreno donde se encontraba el McDonald, que fue quitado del sitio tras el movimiento de esta sensible y valiente mujer.