SAN DIEGO.- En la medida en que una persona va acumulando años su organismo va perdiendo la capacidad para retener la enzimas que le permiten digerir la leche, una circunstancia que revela que este producto animal no es naturalmente apto para los adultos.Como consecuencia de este hecho se ha generalizado un cambio importante en la manera de percibir el fenómeno ya que mientras que antes se consideraba “intolerantes a la lactosa” a quienes no pueden diferir la leche, ahora se dice que los adultos que pueden hacerlo tienen «lactosa persistente».

La intolerancia a la lactosa produce malestares gastrointestinales como la flatulencia, hinchazón, calambres y diarrea debido a la escasez de las enzimas lactasa que descomponen la lactosa en sus formas más simples, glucosa y galactosa.

Casi la totalidad de las personas al nacer son capaces de producir las enzimas lactosa que luego pueden ser absorbidas por el torrente sanguíneo.

En el pasado, la mayoría de los profesionales de la salud estadounidenses creían que estas enzimas también estaban presentes en casi todos los adultos. Sin embargo, cuando los investigadores probaron varios grupos étnicos por su capacidad para digerir la lactosa, sus hallazgos probaron lo contrario.

De acuerdo a dichas investigaciones, el 53 por ciento de los mexicoamericanos son intolerantes a la lactosa, lo mismo que el 74 de los nativos americanos, el 70 por ciento de loa afroamericanos y el 90 por ciento de los de ascendencia asiática.

Los estudios demostraron que una reducción sustancial en la actividad de la lactasa también es común entre aquellos cuya ascendencia es africana, asiática, indígena, árabe, judía, hispana, italiana o griega.

Posteriormente, el American Journal of Clinical Nutrition informó: «Rápidamente se hizo evidente que este patrón era la norma genética, y que la actividad de la lactosa se mantenía solo en la mayoría de los adultos cuyos orígenes estaban en poblaciones del norte de Europa o mediterráneas». En otras palabras, los caucásicos toleran el azúcar de la leche solo debido a una mutación genética heredada.

En general, alrededor del 75 por ciento de la población mundial, incluido el 25 por ciento de los estadounidenses, pierde sus enzimas lactasa después del destete.

No hay razón para que las personas con intolerancia a la lactosa se obliguen a beber leche. De hecho, la leche no ofrece ningún nutriente que no se pueda encontrar en forma más saludable en otros alimentos.

El consumo de los derivados de la leche como el queso o el yogurt cuando se tiene poca producción de lactosa puede también causar inflamación, dolor abdominal, gases y diarrea.

Debido a que la leche y sus derivados son un grupo de alimentos necesario para el buen funcionamiento del organismo, se ha buscado producir lácteos con menos lactosa, para este proceso se añade la enzima lactasa.

Al deslactosar la leche adquiere un sabor más dulce lo que ayuda a que las personas que no digieren bien la lactosa puedan seguir gozando del consumo de leche y sus beneficios.

Se sigue considerando que por sus cualidades nutricionales, la leche representa un alimento primordial en la salud a nivel mundial. Tomar las proporciones adecuadas de este alimento durante el crecimiento contribuye a formar huesos fuertes y durante las diferentes etapas de la vida, previene algunas enfermedades como la osteoporosis, razón por lo que es común que un gran porcentaje de la población la consume diariamente.