PEKING, CHINA.- En medio de la crisis mundial de salud por el surgimiento del llamado coronavirus (COVID 19), hay una historia de un hombre salpicada de tristeza, infortunio, injusticia y no poca arbitrariedad.

Nos referimos al doctor Li Wenliang, el primer médico que tuvo el valor civil de alertar al mundo sobre el surgimiento del virus, y quien irónicamente murió el 31 de enero a consecuencias de complicaciones y daño a su organismo atribuido nueva cepa de la enfermedad.

Como es del conocimiento mundial,   sin embargo, Wenliang antes de fallecer fue arrestado, torturado y hasta tildado ‘soplón’ por parte del gobierno y la policía china, un mentiroso que estaba esparciendo falsos rumores” por haber revelado la existencia del virus.

De hecho, la muerte del joven médico de 33 años de edad, ahora causa una fuerte indignación y enojo de un vasto sector de la población china (que ya supera los mil millones de habitantes, la séptima parte de la comunidad mundial), pues consideran que el gobierno y su policía reaccionaron en forma represiva e injusta contra el honesto profesionista de la medicina.

Trascendió, no obstante, que hoy la policía y las autoridades chinas han solicitado disculpas a los familiares de Li, quien después de muerto ya es una celebridad a nivel mundial.

O lo que dice el viejo refrán popular: “Después de ahogado el niño, tapan el pozo”.

Vale recordar que durante décadas, China restringió (a uno como máximo) la cantidad de hijos que una madre y una familia podía tener y aunque ahora alienta a que tengan más, esta política demográfica no ha funcionado, y vuelve a ser válido el refrán y la política represiva que data desde el tiempo en que gobernó ese país, Mao Tse Tung.