La mayoría de un millón de conductores con base en aplicaciones de móviles en California solo manejan unas horas al día, y, en su horario, desarrollan un trabajo muy particular, distinto al de los taxistas.

Los choferes de plataformas llevan a pacientes a sus citas médicas o a trabajadores esenciales con bastante seguridad; sus clientes los buscan y saben cuándo y dónde serán recogidos. También transportan alimentos, entre muchas otras tareas.

Un conductor de Uber puede convertirse instantáneamente en mensajero y llevar una encomienda en lugar de a un pasajero, y la persona que lo envía tiene toda la seguridad de que llegará a tiempo y protegida. 

Son solo algunos ejemplos por los que los conductores de plataformas, por su desempeño, quedan fuera de la descripción regular de “empleado”; son conductores independientes a quienes el público contrata cada vez que necesita transporte, sin tener que preocuparse de si irá a encontrar a un taxi libre y si podrá confiar en quien lo conduce.

Por razones como estas, los conductores de aplicaciones necesitan mantener su calidad de independientes. En otras palabras, es por esto que claramente la mayoría de los choferes de plataformas apoya la Proposición 22.

Querer imponer que se conviertan en empleados de empresas está fuera de la realidad contemporánea. 

Aquí van otros dos ejemplos: supongamos que a un jornalero de los que ofrecen sus servicios fuera de las grandes ferreterías se le exija ser empleado porque en una oficina de ayuda a jornaleros le avisan si lo necesitan. 

O que un periodista independiente a quien un periódico pide algunas fotos o textos tenga que ser un empleado. Por supuesto, como al periódico y al cliente del jornalero no les conviene contratar como empleados a esos servidores eventuales, ambos se quedarán sin trabajo, difícilmente cubrirían turnos de 9 a 5, 6 días a la semana.

Eso puede pasar con 900,000 de un millón de conductores de plataformas en California y la sociedad empezaría de nuevo de ceros a usar más taxis, si los encuentra, al precio que ofrezcan transportar.

Los cientos de miles de conductores por aplicaciones lanzaron y apoyan la Proposición 22 como una repuesta a que los quieran convertir en empleados básicamente por una razón fundamental: nadie les preguntó si querían –o podían—ser empleados; de la misma forma en que nadie les preguntó a sus clientes.

Lo que hicieron los conductores fue aprovechar la coyuntura de que se les quería obligar a convertirse en empleados, y antes de que eso hiciera que renunciaran 9 de cada 10, lanzaron la Proposición 22, que les aporta de pasada buenos beneficios.

La Proposición 22 ofrece a los conductores, que por necesidad tienen que trabajar con aplicaciones, como madres solteras, familiares con seres queridos que requieren cuidados frecuentes, la oportunidad de garantizarse ingresos de 120 por ciento el salario mínimo, tener servicios de salud, protección ante acoso, seguridad si llegara a ocurrir algún accidente. También ofrece mayor seguridad para los clientes o pasajeros.

De esto trata la Proposición 22, de tener un ambiente de harmonía para cientos de miles de trabajadores independientes que rentan sus servicios y sus propios vehículos para trabajar en horarios que quieren o pueden, donde elijan hacerlo. 

Todo eso significa ser contratista independiente y mantener con la Proposición 22 esa independencia que no pueden ofrecer empresas que los quieren de 9 a 5. Esta ya es otra realidad, deberían preguntar a los conductores, que en su mayoría apoyan la proposición.

Editorial por El Latino