El orden en que se suministran las vacunas contra el Covid 19 en San Diego obedece a una jerarquía por riesgo y vulnerabilidad, pero también se rige con una serie de principios éticos, de acuerdo con lineamientos del Centro para el Control de las Enfermedades (CDC).

Las primeras vacunas que se aplican desde principios de este mes son principalmente para el sector Salud, especialmente para los profesionales que enfrentan directamente, y para los empleados y residentes de asilos de ancianos.

Los primeros porque entran en constante contacto con personas infectadas con el SARC-Cov-2 que causa el Covid 19, y los segundos por su vulnerabilidad por su edad.

El Centro para el Control de las Enfermedades (CDC) establece fases  y esos dos grupos integran la primera fase, denominada 1ª.

La 1b, que sigue a la primera, es “para los trabajadores esenciales de primea línea”, entre ellos los bomberos, policías, celadores, trabajadores agrícolas y de alimentos, empleados del Servicio Postal, de fabricación, trabajadores de supermercados y de transporte público, entre otros.

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En esa misma categoría se encuentran las personas mayores de 75 años. La mayoría del estado de California ahora transita hacia esta fase.

Mientras tanto, cuatro principios éticos impiden que las personas adineradas o con algún tipo de influencia abusen de su capacidad y se salten el orden en que les tocaría ser vacunados.

Esos principios llevaron a que cuando residentes adinerados del sur e California trataran de adelantarse en el orden en que recibirían la vacuna chocaran con médicos que además les negaron la oportunidad de adelantarse, divulgaron sobre sus intenciones.

En contraste, en ellos valles de San Joaquín e Imperial, el estado comenzó a vacunar esta semana a los campesinos en los lugares donde se encuentra ahora en el trabajo, sin hacer ninguna pregunta sobre su condición migratoria.

Enseguida de la actual fase viene la 1c, que es para las personas de entre 65 y 74 años de edad, pero también para las de entre 16 y 64 años que padecen de condiciones crónicas que agravan con el Cocid 19, como la diabetes, la hipertensión y la obesidad.

En esa misma clasificación se encuentran los albañiles y otros trabajadores de construcción, los empleados de finanzas e instituciones de crédito y los periodistas y empleados de medios de comunicación, entre otros.

Después de esa fase se vacuna al resto de la población, de acuerdo con el criterio del CDC.

El Comité Asesor de la Práctica de Inmunización (Acip) del CDC estableció cuatro principios éticos que rigen la aplicación de las vacunas cuando, como ahora, están disponibles en cantidades limitadas.

El primer principio es “maximizar los beneficios y minimizar los daños”, y lo describe como “promover la salud pública y minimizar las muertes y las enfermedades graves”.

El segundo principio ético es “mitigar la inequidad en la salud”, que significa “reducir las disparidades en la salud, en la carga de la enfermedad y muerte por COVID-19, y asegurarse de que todos tengan la oportunidad de estar lo más saludables posible”.

Sigue el principio de “promover la justicia”, que consiste en “tratar a los grupos, poblaciones y comunidades afectados de manera justa”.

El cuarto principio ético es “promover la transparencia”.