El señor Jairo, un migrante que busca asilo, fue elegido para que presentara su caso al gobierno estadunidense porque sufre de un tumor canceroso y no puede continuar sin ayuda médica especializada en el campamento de migrantes en Tijuana.

El señor platicó cerca del campamento “La Esperanza” primero a un psicólogo. Le dijo  cómo se sentía al estar más de dos meses en el campamento con su mal terminal y sin recibir asistencia médica.

Luego pasó a hablar con un equipo de enfermeras que le tomaron datos, y finalmente, con los dos reportes, del psicólogo y del personal de salud, pasó a explicar los motivos por los que tuvo que huir de Centroamérica.

A los delincuentes que lo buscan para asesinarlo no les importa si el señor tiene un tumor, ellos quieren obligarlo a vender drogas en las madrugadas, y que se olvide de su vida personal.

Cuando el señor de unos 40 años intentó explicarles a los delincuentes, lo golpearon. Nada del importó el cáncer.

El señor es uno de docenas de migrantes altamente vulnerables a quienes organizaciones civiles de ambos lados de la frontera ayudan en Tijuana para que por lo menos pasen a San Diego y otras partes de Estados Unidos a exponer sus razones para solicitar asilo.

El psicólogo Luis Guillermo Gómez Rosales, coordinador de Psicólogos Sin Fronteras en Baja California, explicó a El Latino que un pequeño equipo de voluntarios y representantes de grupos ayuda a las personas con los casos más vulnerables para romper el bloqueo del gobierno estadunidense a pasar a pedir asilo.

Entre los migrantes que la coalición ha ayudado a cruzar a San Diego se encuentran señoras embarazadas, algunas de ellas en riesgo, enfermos terminales, migrantes, hombres y mujeres, que necesitan urgentemente prótesis, y familias con niños enfermos y vulnerables, entre otros.

“No podemos solicitar sus casos de asilo, pero sí hemos logrado que muchos casos muy urgentes y vulnerables puedan cruzar a San Diego, o de ahí a otras partes de Estados Unidos, donde en la mayoría de los casos tienen familiares que les ayudan a sobrellevar sus condiciones mientras pueden solicitar asilo”, dijo el psicólogo.

El pequeño equipo que hace posible que pasen a San Diego los más necesitados lo integran dos abogados voluntarios –una es Dulce García, abogada de migración y dreamer de Chula Vista–, por lo menos dos o tres psicólogos en cada ocasión y enfermeras que se rotan.

También colaboran Gina Garibo del Comité de Servicios de los Amigos Americanos en Tijuana, y Robert Vivar, de la organización de veteranos deportados Que Nadie Quede Atrás. 

La coalición también ha ayudado a menores de edad que han tenido que huir de sus lugares de origen.

Entre los menores hay personas que literalmente, pese a su edad, tuvieron que dejar sus poblados en México y Centroamérica perseguidos por el crimen orgizado.