La caída en los niveles de bienestar empezó desde la década de los 90’s

La salud estadounidense era mala incluso antes de la pandemia: el 60% de la población padecía una afección crónica, como obesidad, diabetes, hipertensión o insuficiencia cardíaca. Estas cuatro condiciones se asociaron con casi dos tercios de las hospitalizaciones por covid, según un estudio de febrero en el Journal of the American Heart Association.

Las muertes por algunas enfermedades crónicas comenzaron a aumentar entre los estadounidenses de bajos ingresos en la década de 1990, explicó el doctor Steven Woolf, profesor de la Virginia Commonwealth University. Esa tendencia se vio exacerbada por la Gran Recesión de 2007-09, que socavó la salud no solo de quienes perdieron sus hogares o trabajos, sino también de la población en general.

Sin embargo, la Gran Recesión y sus efectos en la salud no afectaron a todos los estadounidenses por igual. Las personas de color tienen hoy menos riqueza que antes de la recesión, mientras que la brecha en la seguridad financiera entre los estadounidenses blancos y de color se ha ampliado, según un artículo de Nonprofit Quarterly publicado el año pasado. Y la tasa de desempleo entre los trabajadores de color no se recuperó a los niveles anteriores a la recesión hasta 2016.

Los investigadores han desarrollado una mejor comprensión en los últimos años de cómo el estrés crónico, causado por la pobreza, la pérdida del empleo y la falta de vivienda, conduce a la enfermedad. El estrés implacable causa inflamación que puede dañar los vasos sanguíneos, el corazón y otros órganos.

Las investigaciones muestran que las personas con bajos ingresos viven un promedio de siete a ocho años menos que aquéllas que tienen seguridad financiera. El 1% más rico de los estadounidenses vive casi 15 años más que el 1% más pobre.

Las personas pobres tienden a fumar más; tienen un mayor riesgo de enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades renales y trastornos mentales; y es más probable que sean víctimas de la violencia.

El estrés de la pandemia también ha llevado a muchas personas a fumar, beber y aumentar de peso, aumentando el riesgo de enfermedades crónicas. Las sobredosis fatales de drogas aumentaron un 30% entre octubre de 2019 y octubre de 2020.