Inmigrante salvadoreño relató cómo llegó a EU, y

su sufrimiento al cruzar la frontera sur de México

SAN DIEGO.- Francisco Hernández como ha ocurrido con millones de inmigrantes que entraron a esta país en condición de indocumentados y han prosperado con el paso de los años, relata su amarga “Aventura”.

Hoy Hernández, quien fundó y preside la el grupo autodenomicando “Salvadoreños en San Diego, Calif” apoya y orienta a sus compatriotas para que no pasen por lo que el pasó hace dos décadas”

Entrevistado por El Latino San Diego durante la celebración de un evento organizado por Herencia Hispana California, indicó que llegó “justamente en  el 99 y para llegar aquí agarré 9 trenes en todo México”, dijo al recordar su largo y penoso viaje que hiciera desde El Salvador.

“Caminamos como 9 días, con ampollas”

“Tenía 18 años”, relató, “empezamos caminando todo Oaxaca y Chiapas y nos dijeron no agarren el tren porque de nada sirve porque lo van a parar a los siguientes kilómetros. Así que caminamos como 9 días y ya después de que ya no podíamos (seguir caminando) porque teníamos muchas ampollas y dolor en los pies, dijimos, pues tomemos el tren y así fue como empezó la primera Aventura en tren”.

“Eramos un grupo, veniamos sin coyote, nada más así a la Aventura, eramos 9 todos de El Salvador”, dijo.

¿Cómo fue tu primera experiencia al cruzar la frontera con México?, se le preguntó.

“Definitivamente amarga”, respondió, “porque apenas cruzando el río entre Guatemala y México, lo primero que uno espera es (aunque no fuera) literalmente una bienvenida, lo que encontramos fue delincuencia, inclusive a mi me quitaron mis zapatos y toda la ropa. De nada sirve traer dinero porque en el primer pueblito lo despojan a uno”.

“No todos son malos”

¿Y quiénes los despojan, quiénes son estos delincuentes?, insistimos.

“Los locales definitivamente, de Guatemala y de México, pero fíjesese que eso es lo bonito que uno se da cuenta que no puede decir: oh, todos son malos, porque si fueran malos, yo me hubiese muerto de hambre y sed en el camino” indicó al recordar que mucha gente en el camino le ofreció “tacos, agua, ropa inclusive y eso se le agradece”.

Indicó que cuando subió a la popular “Bestia” “ya venía completamente solo, porque ya había perdido a todos mis amigos en un pueblo que se llama Lechería que creo que es allá en el DF o en el Estado de México; ahí perdi mis amigos, todos corren y entonces me quedé solo”.

¡Ahí viene la Migra!

¿Por qué corrieron, por alguna persecución?, se le preguntó:  “Sí, sí claro, porque nos dicen: ¡ahí viene la migra! Uno tiene que correr; pero me di cuenta de otra cosa, que muchas son bromas de gente local con ganas de divertirse; eran militares o soldados pero como uno viene bien inocente y mucha gente lo agarra de diversión y uno sale corriendo, por miedo”.

“Cuando ya me subí a la Bestia, ya comencé solo”, agregó Hernández, “me acuerdo que fue como una escena de película, porque pude ver que la línea del tren se dividía como en izquierda y derecha que hacía una Y griega y dije: wow ahora no sé ni para donde voy, lo único que sabía, que preguntaba, qué tren para el norte”.

“Comencé a llorar”

“Esa tarde sí comencé a llorar porque ya comienza el cielo a ponerse entre rojo y anaranjado y ya al atardecer como que lo vuelve a uno más nostálgico, más melancólico”, aceptó Francisco.

El líder de Salvadoreños en San Diego, Calif recordó que además al internarse de Guatemala a Chiapas, México, pasó por Zacatecas y San Luis Potosi, (que) “nunca se me va a olvidar, pues cuando pararon el tren yo vi muchos hombres de negro. Lo primero que pensé: “La migra y me tiré y luego salí corriendo, (pero) ya no podía seguir porque mis pies estaban lastimados; con los zapatos rotos y llagas en los pies”.

Nunca se me va a olvidar

“Entonces, en es momento me tomaron del cuello de la camisa y me preguntaron ¿por qué corres? y les dije: Pensé que eran Migración, pero entonces leí que en sus camisas decía: Seguridad de Los Ferrocarriles de México, CISNE, en letras amarillas, y  yo dije, oh yo pensé que eran la Migra y la verdad yo no quiero regresar a mi país; (y) ellos me dijeron, no te preocupes, pero no me soltaban, claro, me tenían agarrado del cuello y me dijeron: vamos a la oficina y te vamos a dar unos tacos y unos refrescos para que te alivianes”.

“Yo me imaginaba ya algo frío y un taco. ¡No brother! Debería saber mi taco y mi refresco que me dieron: Una patada en la espalda, fue cuando caí en el suelo. Yo le dije por qué me tienen que golpear y dijo: “¿sabes que a los centroamericanos aquí no los queremos? yo le respondí que yo no lo sabía ¿y para dónde vas?, me preguntó: Pa’l Norte y uno de ellos dijo: ¿Sabes que también los gueros no los quieren? Y cada vez que me respondía, me golpeaba, pero yo no me podía oponer porque ellos tenían pistolas; eso fue bien triste”, relató el inmigrante.

Inmigrantes solicitantes de asilo en ‘el Chaparral ‘de Tijuana. Foto-Archivo: Horacio Rentería.