INGREDIENTES
Harina de trigo 000, 500 g
Azúcar orgánica, 40 g
Huevos, 4
Leche entera larga vida, 125 ml
Levadura prensada, 15 g
Sal marina fina, 10 g
Manteca, 250 g
Semillas de amapola, 1 cucharadita
Semillas de girasol, 1 cucharadita
Semillas de lino, 1 cucharadita
PROCEDIMIENTO
Amasar todos los ingredientes sin la manteca. Agregar manteca de a poco una vez formado el bollo y amasar hasta que se separe del bol. Llevar a heladera por 24 horas.
Armar cada pan con bollitos de 40 g pegados uno con otro. Pintar con huevo, esparcir semillas, tapar y dejar levar.
Llevar al horno a 170 grados por unos 12 minutos, hasta que dore o hasta que, al pincharlos, el cuchillo salga limpio.
Desmoldar tibio y dejar enfriar sobre rejilla.
Este tipo de pan puede funcionar como un plato en sí mismo y, además, combina con todo tipo de rellenos.
El brioche es una receta de origen francesa; es un pan suave, de textura esponjosa, y algo dulzón que se come solo o relleno. A la hora de untarlo, puede rellenarse con algún ingrediente tanto dulce como salado: mermeladas o quesos.
SU HISTORIA
EL PAN FRANCéS MáS FAMOSOS DEL MUNDO.
El pan brioche siempre ha sido la mayor representación de lo que significa una receta refinada. Las grandes cantidades de mantequilla, leche y huevos que se utilizan para enriquecer la masa, elevan su precio, lo que lo convertía, hace mucho tiempo, en un pan que en algún momento solo fue para las élites.
El brioche representa ese punto donde la panadería y la pastelería se unen y consiguen una especie de equilibrio. El brioche es un pan tan cargado de materia grasa que dificulta su preparación.
Muchas fuentes señalan que su origen esta en la región de Normandía, al noroeste de Francia, ya que es la zona que para el siglo XI estaba ocupada por pueblos vikingos daneses que llegaron a las costas gracias a su experiencia naval.
Una de las mejores características de estos pueblos vikingos era su gran acceso a grandes cantidades de ganado vacuno, lo que los convirtió en grandes productores y consumidores de mantequilla.
Se sometían a un régimen alto en calorías que los colocaba en ventaja física en comparación con otros pueblos cercanos como los romanos o los musulmanes.
El amplio acceso a la proteína y a la grasa animal, suponían una ventaja clara en la alimentación y, por ende, al crecimiento muscular y óseo de los pueblos vikingos.

