A la espera a la salida de la garita peatonal de San Ysidro, Robert Vivar hijo expresaba fácilmente sus sentimientos.

“Estoy súper emocionado”, dijo a El Latino, “este es el mejor día de los veteranos de mi vida”.

Esperaba a ver entrar a California a su padre, Robert Vivar, quien fue deportado en el 2003, nuevamente en el 2013 y desde que fue expulsado a Tijuana se convirtió en dirigente de los veteranos deportados y familiares de militares que también fueran sacados del país por diversas razones.

Cuando el hijo vio aparecer a su padre por la puerta de la garita, Robert Vivar junior, veterano de la Fuerza Aérea y actual miembro de la Guardia Nacional de California, se apresuró a recibirlo en un abrazo que ambos mezclaron con algunas lágrimas. 

“Bienvenido de regreso, papá”, decía el militar.

Fue la escena en que concluyeron casi 20 años de destierro, y que en kos últimos nueve años fue una lucha constante de Robert Vivar padre por proteger a los deportados en Tijuana y hacer lo posible por represar a California.

“Mis planes son quedarme a vivir en el condado de San Diego, y cruzar la frontera y seguir ayudando a las familias y los veteranos deportados”, dijo a El Latino.

Este mismo año bajo la administración Biden, Robert Vivar consiguió que dos veteranos que habían sido recientemente deportados por faltas menores pudieran regresar a California.

También consiguió con la ayuda de la Administración de Veteranos en San Diego, que todos los veteranos deportados a Tijuana cruzaran a San Ysidro para vacunarse contra el Covid 19.

Igualmente hizo que el veterano de mayor edad, Andy de León, de 76 años, pudiera volver a California con su familia por razones humanitarias.

Junto con la directora ejecutiva de Ángeles de la Frontera, Dulce García, también consiguió que la señora Rocío Rebollar, madre de un teniente de inteligencia del ejército, quien había sido deportada a Tijuana bajo la era Trump, pudiera regresar a San Diego. 

Como miembro de una coalición, Vivar también consiguió en los últimos cinco meses que hasta 900 migrantes vulnerables, enfermos, embarazadas, personas con urgencias médicas y a quienes perseguían criminales hasta Tijuana, pudieran cruzar la frontera para seguir procesos de asilo en Estados Unidos.

Vivar llevaba años en defensa de madres deportadas y de soldados estadunidenses expulsados que necesitaban ayuda en Tijuana.

Y este Día de los Veteranos fue su turno. El mes pasado la Corte Superior de California desestimó los cargos menores por los que Vivar fue deportado en el 2003.

El máximo tribunal en el estado determinó que el abogado inicial de Vivar le aconsejó indebidamente que se declarara culpable, porque, al hacerlo, Vivar fue puesto en deportación y se anuló su residencia legal.

La administración Biden consideró que, puesto que no existen los cargos por los que fue deportado, tampoco amerita la deportación.

Vivar se encuentra ahora en visita a sus dos hijos y seis nietos entre San Diego y Riverside, a la espera de su tarjeta de residencia para regresar a Tijuana, donde desde hace diez años es miembro activo de la Iglesia Fronteriza, que cada domingo se reúne junto al muro cerca del Pacífico en Tijuana.