INGREDIENTES

150 gr de mantequilla sin sal

225 gr de harina

75 gr de azúcar moreno

1 yema de huevo

1 cucharada de pasta de vainilla

700 gr de manzanas tipo reineta

100 gr de azúcar glass

250 g de azúcar moreno

75 g de mantequilla (puede ser con sal o sin sal)

200 ml de nata

PROCEDIMIENTO

Ponemos en un cuenco la harina tamizada. Le vamos añadiendo la mantequilla sin sal a temperatura ambiente, previamente cortada en daditos para que sea más fácil de mezclar.

Añadimos el azúcar moreno. Con este ingrediente la masa tendrá dulzor, pero también un ligero color oscuro. Además, es más ligero que el azúcar convencional, ideal para esta masa.

Le ponemos a la masa el huevo y la vainilla. Mezclamos hasta formar una bola de masa que quede perfectamente amasada.

Dejaremos que la masa repose una hora en la nevera tapada con papel Mientras precalentamos el horno a 180º y preparamos el relleno.

Pelamos las tres manzanas y las cortamos en trozos más o menos iguales. Las doramos en la sartén con la mantequilla, cuando esté lista la retiramos del fuego.

Las demás manzanas las cortaremos y las pondremos en un cazo con el azúcar glass, deberán cocerse durante unos 15 minutos, hasta que queden bien tiernas.

Sacamos la masa de la nevera y la colocamos en el molde, cubriendo la base perfectamente. Pinchamos con el tenedor para que no suba, la hornearemos 20 minutos.

A continuación, ponemos los dos tipos de manzanas y volvemos a hornearla, mientras preparamos el toffee.

El toffee es una deliciosa mezcla de azúcar moreno, mantequilla y nata que ponemos en un cazo hasta tener la textura de un caramelo.

Le ponemos encima de la tarta, ya preparada, el tofee, tendremos un postre digno del mejor restaurante de la ciudad.

SU HISTORIA

El menú típico de Acción de Gracias es un auténtico festival de comida, pero no siempre fue así. 

La característica que sí se mantiene hoy respecto a sus primeros años es que se trata de platos donde priman los productos estacionales de temporada, especialmente aquellos relacionados con las cosechas de final del verano y de otoño. Así, se agradece con la cena la abundancia de productos conseguida tras el trabajo de la tierra. 

El núcleo central es, sin duda, el famoso pavo asado. A pesar de ser un ave autóctona de América, lo más probable es que los primeros colonos ya estuvieran habituados a su consumo por aquel entonces. Los españoles habían extendido la cría y consumo de carne de pavo a partir de las primeras colonias del sur y centro del continente, llegando a establecerse en Europa como una comida especial.  El menú lo completa toda una serie de platos de acompañamiento o guarniciones que suelen dar protagonismo a los vegetales de temporada. Las judías verdes, calabaza y boniato son casi imprescindibles, además el puré de patatas que se toma con gravy. 

Como colofón al festín, no pueden faltar los postres, donde sin duda triunfan las tartas estilo pie. Calabaza, batata, nueces pacanas, chocolate y manzana son las más típicas, con sus diferentes variaciones.