Por  Javier Alvarado, especial para El Latino, San Diego

Claudia, es una migrante mexicana, madre de una joven de 15 años nacida en Estados Unidos , cada día despierta dando gracias a Dios por la nueva oportunidad que tiene de ser feliz y de ayudar a otras mujeres a ser fuertes, valientes y concientizarlas de la importancia de saber tomar decisiones.

Ella doblegando su voluntad, hace unos años, dejó que su esposo tomara el control de sus vidas, al punto que la obligó a quedarse sin hogar y llevarlos a la fuerza a México. Él aprovechó que la casa en que vivían, en el Área de la Bahía, estaba a su nombre para venderla. Claudia y su hija no querían ir, pero fueron, sin imaginar que sería el inicio de un pedregoso camino.

“Recién me enteré que lo que hizo mi esposo fue violencia doméstica. No me había dado cuenta cuando vendió la casa y llevarnos a la fuerza; entonces no podía hacer nada por la falta de información, ahora sé que tengo nuevas y mejores alternativas para no pasar por estos estragos sin ninguna necesidad”, comenta.

Con su testimonio valiente, López, invoca a todas las mujeres a darse cuenta y conocer como es la persona que tienen a su lado. No permitir que el marido tome posesión de todo y crea que puede decidir incluso de sus vidas. “Nosotras las mujeres también podemos decidir, tenemos que reconocer cuando les estamos dando todo el poder a decidir por nosotras y luego nos hagan a un lado”.

Entre lágrimas y con un gran nudo en la garganta, nos cuenta que las cosas en México no fueron bien; junto a su hija se convirtieron en víctimas de todo tipo de violencia doméstica, sufrieron violencia física, tuvo que cambiarla de escuelas y como si fuera compartieron la misma casa con la violencia aplicada por parte de algunos familiares.

“Nos fuimos de casa, decidimos regresar a California, intenté hablar en migraciones para que nos dejen pasar por ser ciudadanas, no tuvimos éxito. Estábamos decididas, me dije solo tenemos una oportunidad, sino nos dejan pasar, nos brincamos. Como creyente confiaba en Dios que todo saldría bien”, recuerda.

RETORNO A CASA   

Claudia López, comenta que los intentos por pasar fueron vanos y los ruegos por obtener asilo humanitario también, solo escuchaban “no”. Armada con su fe llegó hasta la frontera, en donde les practicaron exámenes para el COVID, lamentablemente dio positivo por efectos de la vacuna que había recibido días antes. Allí sintió por un instante que el mundo se le terminó; recobró el aliento cuando una voz le recomendó que se lave la cara y la nariz con mucha sal y poder pasar las pruebas COVID. Esta vez arrojó negativo. Estaba lista para que le ayuden a cruzar el muro.

“Nos llevan a un convento para planear cuando cruzar, era un lugar solo para niñas, me dejaron entrar por mi hija, nos dieron una habitación con todas la comodidades y alimentación, aunque no podía salir del cuarto porque era una casa para niñas, pero nos fue de maravilla” se emociona.

Llegó el día de cruzar la frontera, muy a su pesar tuvo que separarse de su hija, pues tiene la ciudadanía y sería más fácil trasladarla, luego se darían alcance.

ALAS PARA VOLAR   

Elocuentemente nos narra entre llantos que a las 7 de la mañana, después de entregarse a Dios y decirle “estoy en tus manos y ya”, le avisaron que le tocaba pasar, que esta vez iban a rodear el muro y deberían correr cuando les indicaran. Yo lo único que hice fue encomendarme “Señor dame unas piernas fuertes para poder cruzar y unas alas para poder volar, porque yo me siento frágil, yo siento que no voy a poder”.

La mano de Dios nuevamente la acompañó, llegado el momento, dos jóvenes de 20 años la tomaron del brazo y la ayudaron a correr, cuando se dio cuenta ya estaba en una camioneta que la trasladaba. Sin reponerse aún López intenta explicar que fue la respuesta a esa oración tan grande en que pedía ayuda porque su hija ya no podía estar en México.

En la entrevista a esta valiente mujer de 50 años nos podemos dar cuenta que su esfuerzo por salir adelante y la confianza en un ser todo poderoso obró milagros en ella, así escuchamos que en el resto del camino también fue bendecida. En medio de la nada y en peligro encontró una casa con unas imágenes religiosas en la puerta, si inclinó a rezar temerosa, sin embargo nadie de esa casa se percató de ella.

“Por fin me pude encontrar con mi hija, estaba asustada porque le habían dicho que no sabían nada de mí después que detuvieron el carro en que nos llevaban. Todo fue una bendición de Dios, estábamos lejos yo venía hasta California, teníamos que pasar por un último punto, saque mi licencia vencida, me armé de serenidad, estuve segura de mi e indique en el control que iba para mi casa y cruzamos sin ningún problema”, explica.

Claudia y su hija, en un solo intento llegaron hasta el Área de la Bahía, para iniciar de nuevo, no cabe duda que el Señor las acompañó en toda la travesía.  “Por mucho tiempo, yo era víctima de violencia doméstica tanto tiempo porque mi esposo decidía en todas nuestras finanzas, que se vende y que se compra. También, decidía sobre mi dinero, ahora me separe de él, estoy trabajando y yo decido con mi niña”, concluyó. Este artículo es parte del proyecto periodístico sobre la Violencia Doméstica en la comunidad latina y cuenta con el apoyo y generosidad de Blue Shield of California Foundation.