Dr. Miguel Ángel Díaz Mariscal
Como cirujano bariatra y médico de urgencias he sido testigo directo de uno de los eventos más devastadores en la práctica médica: la muerte súbita cardiaca. Es un fenómeno que irrumpe sin previo aviso y que, en muchos casos, no da margen de reacción si no existe atención oportuna.
La muerte súbita cardiaca se define como el fallecimiento natural e inesperado que ocurre dentro de la primera hora desde el inicio de los síntomas, o hasta 24 horas después si la persona fue vista previamente sin signos de alerta. En la sala de urgencias, esta definición cobra vida en escenarios críticos donde cada segundo cuenta.
Desde mi experiencia clínica —respaldada por mi formación en cirugía general, cirugía bariátrica y medicina de urgencias, así como por mi pertenencia al Colegio Americano de Cirujanos— es fundamental entender el mecanismo: en el 80 al 90% de los casos, se debe a una arritmia ventricular maligna, como la fibrilación ventricular, donde el corazón deja de bombear sangre de manera efectiva.
Las causas varían. En mayores de 35 años, la enfermedad coronaria es el principal factor; en jóvenes, predominan las miocardiopatías o anomalías genéticas. Este panorama lo observo no solo en urgencias, sino también en pacientes que acuden a valoración integral antes de someterse a procedimientos quirúrgicos.
Y aquí es donde quiero hacer énfasis: muchos de los pacientes que buscan mejorar su calidad de vida —ya sea a través de cirugía bariátrica o procedimientos estéticos— llegan con factores de riesgo no diagnosticados. En mi práctica médica, que desarrollo a través de My Best Medical Solution, priorizamos una valoración completa del paciente, porque ningún procedimiento debe realizarse sin entender primero su estado cardiovascular.
Las cifras no mienten, entre 4 y 5 millones de casos al año a nivel global, representando el 50% de las muertes de origen cardiovascular y hasta el 20% de todas las muertes naturales. Pero el dato más alarmante es que la supervivencia fuera del hospital es menor al 10%, dependiendo directamente de la rapidez con la que se aplique RCP y desfibrilación.
Por ello, más allá de hablar de procedimientos —ya sea cirugía plástica, bariátrica o tratamientos especializados para hombres y mujeres—, es indispensable hablar de salud integral. En cada evaluación médica que realizamos, buscamos no solo un resultado estético o funcional, sino garantizar que el paciente esté en condiciones seguras para cualquier intervención.
La medicina actual no puede fragmentarse. La prevención, el diagnóstico oportuno y la atención especializada deben ir de la mano. La muerte súbita cardiaca nos recuerda que el cuerpo no avisa dos veces, pero también que una valoración médica adecuada puede marcar la diferencia.
Hoy más que nunca, atenderse a tiempo no es una opción estética: es una decisión de vida.
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