En poco más de 13 minutos de música, simbolismo cultural y mensajes de identidad, el superestrella puertorriqueño Bad Bunny protagonizó el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX la noche del domingo 8 de febrero, ofreciendo una presentación que mostró lo que es ser estadounidense en tiempos de conflicto mediante una combinación de entretenimiento masivo con referencias sociales y políticas.
Durante meses, sectores del trumpismo —desde figuras políticas hasta simpatizantes— habían señalado al artista como antiestadounidense. Sin embargo, durante su actuación, Bad Bunny lanzó un cuestionamiento directo al público: “¿Y si yo soy el verdadero estadounidense?”.

El cantante, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio, incorporó una amplia iconografía de la cultura puertorriqueña en un espectáculo vibrante que celebró la isla que lo vio nacer y su impacto en la historia cultural latinoamericana. Acompañado por Lady Gaga y Ricky Martin como invitados especiales, el artista no evitó el simbolismo político y cerró su presentación con un mensaje enfocado en la unidad continental.
Tras interpretar varios de sus éxitos, Bad Bunny miró directamente a la cámara y habló en inglés —por única ocasión durante el show— para decir: “God Bless America”. Posteriormente, mencionó más de 20 países de América del Norte, Centroamérica y Sudamérica, mientras bailarines portaban banderas de distintas naciones, con las de Estados Unidos y Puerto Rico colocadas de forma prominente detrás del escenario.
El artista también hizo referencia al uso del término “América”, que en Estados Unidos suele emplearse para identificar exclusivamente al país, mientras que en gran parte del continente se utiliza para describir a toda la región. Este mensaje quedó reforzado cuando pateó un balón de fútbol con la frase “Juntos somos América”, antes de interpretar su tema nostálgico “DtMF”.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió durante la interpretación de “NUEVAYoL”, considerada un homenaje a los inmigrantes y a la diáspora puertorriqueña en Nueva York. Durante ese segmento, Bad Bunny entregó simbólicamente una estatuilla del Grammy a un niño que observaba en televisión el momento en que el cantante recibía el premio. El menor fue interpretado por el actor infantil Lincoln Fox Ramadan, seleccionado por su parecido con el artista en su niñez. El gesto representó la entrega del reconocimiento a su “yo” más joven.
A lo largo del espectáculo, el cantante destacó tradiciones y pasatiempos profundamente arraigados en la cultura puertorriqueña, incluyendo el dominó, el boxeo y la vida familiar. En una narrativa visual que se desarrolló durante la presentación, también se mostró la historia de una pareja que primero aparecía en una propuesta de matrimonio y posteriormente en una ceremonia de boda, la cual ocurrió realmente, representando la continuidad generacional en la isla.

De acuerdo con estimaciones preliminares, cerca de 140 millones de personas siguieron el espectáculo de medio tiempo protagonizado por Bad Bunny, lo que establecería un nuevo récord de audiencia para este segmento del Super Bowl. Paralelamente, alrededor de seis millones de espectadores cambiaron de canal para ver el evento alternativo denominado “All-American Halftime Show”, organizado por Turning Point USA y encabezado por Kid Rock junto a otros artistas.
La presentación consolidó la influencia global de Bad Bunny y evidenció el creciente protagonismo de la cultura latina dentro de los eventos deportivos y mediáticos más importantes del mundo.

