El procurador general de California, a quien el presidente entrante, Joe Biden, nominó como secretario de Salud para su administración, es hijo de madre inmigrante de Jalisco y aunque nació en Estados Unidos mantiene por herencia de sus padres una perspectiva muy parecida a la de los inmigrantes de primera generación. Con esa perspectiva, el abogado hijo de mexicanos defenderá, si lo confirma el senado, la salud de 320 millones de estadunidenses en medio de la peor amenaza de salud en la historia de Estados Unidos. Este es un retrato del fiscal de California y próximo cirujano general de la nación. El padre del procurador de California, don Manuel Becerra, es originario de Sacramento, pero creció en Tijuana; se sentía más tijuanense que californiano y estaba más compenetrado con la cultura mexicana que con la estadunidense. En un viaje a Jalisco en la década de los años cincuenta, don Manuel conoció y estableció una relación con la madre del fiscal general, María Teresa. Se casaron y se mudaron a Sacramento, donde el fiscal de California y propuesto secretario de Salud nació en enero de 1958. Con escasos recursos, la familia vivía en un departamento pequeño en Sacramento. Xavier, el mayor, compartía la recámara con sus dos hermanos, y se las ingeniaba para estudiar bien. Pudo conseguir becas para estudiar derecho en la prestigiada universidad privada de Stanford. Estudió jurisprudencia en Stanford, luego derecho en la Universidad de Salamanca, y luego economía en Stanford. Mientras asistía a clases en la Universidad de Stanford en Palo Alto, California, el fiscal general conoció a la doctora Carolina Reyes, su esposa, una especialista en embarazos de alto riesgo que terminó la carrera de Medicina en Stanford y continuó estudios en la Universidad de Harvard. El matrimonio Becerra Reyes se medó a Los Ángeles, donde el abogado Xavier Becerra comenzó por defender derechos de los inmigrantes y de los trabajadores. Poco después sus seguidores lo impulsaron a que se postulara como candidato a congresista federal demócrata representante de Los Ángeles. Ganó y estuvo en el Cal[itolio por una década. Por ese tiempo habían nacido las hijas del matrimonio Becerra Reyes, Clarisa, Olivia y Natalia. Mientras Xavier Becerra pasada una década como congresista en Washington con frecuentes viajes a su distrito electoral en California, su hija mayor, Clarisa, decidió seguirle los pasos y estudió derecho. La abogada Clarisa Becerra ha defendido principalmente los derechos de los inmigrantes en el Valle Central de California, el Valle de San Joaquín, donde cientos de miles de trabajadores agrícolas indocumentados sostienen la agricultura de California, una de las principales industrias del estado, que se traduce en 50,000 millones de dólares anuales. En cuanto se supo que Donald Trump había ganado la elección en noviembre del 2016, el entonces gobernador de California, Jerry Brown, le llamó a Xavier Becerra y le dijo que se olvidara de Washington, que lo necesitaba en California para defender al estado y a los inmigrantes de lo que se esperaba con esa presidencia. Menos de un mes después del triunfo de Trump, Becerra ya estaba en California y encabezaba lo que se llamó la resistencia, un movimiento que respondió legalmente a cada acto ilegal del presidente. “Lo que dice el presidente lo tomo personal, tengo una esposa latina y tres hijas latinas”, dijo Becerra, en referencia a la campaña antiinmigrantes de Trump y su mofarse de “agarrar” a las mujeres por la entrepierna. “Estoy aquí para defender a gente que se parece mucho a mis padres, a mi esposa, a mis hijas”, dijo. Lo decía en serio. La resistencia se extendió hasta alcanzar hasta 23 estados del país cuyas fiscalías presentaban a menudo demandas conjuntas contra la administración Trump y contra el propio presidente. Para agosto de este año, el fiscal general de California había presentado más de cien demandas federales contra el mandatario y su administración, por una variedad de temas, desde proteger el medio ambiente y los derechos de los inmigrantes a demandar detener la construcción de muro. Todavía esta semana mientras espera el cambio de puesto, Becerra presentó otras tres demandas contra la administración Trump. En Washington algunos políticos dicen que Biden nominó a Becerra porque sentía la presión de la comunidad latina que quería ver latinos en el gabinete entrante y que Becerra es un abogado que dirigiría la salud pública. Pero una de las principales promesas de la plataforma electoral de Trump en el 2016 fue que desmantelaría, “en el primer día de su gobierno”, la reforma de Salud conocida como Obamacare que otorga servicios de salud a más de 23 millones de personas, y fue Becerra quien lo impidió. Con demandas, Xavier Becerra sostuvo activa la reforma de salud hasta ahora que el saliente presidente Donald Trump está por dejar el cargo y las demandas de Becerra, y ahora de otros, esperan turno para debate en la Suprema Corte de Justicia estadunidense. Es la misma trayectoria que Becerra desea continuar como secretario de Salud. En respuesta a reporteros esta semana, sobre su nominación que dependerá del senado, Becerra dijo “crucen los dedos, porque como secretario de Salud y Servicios Humanos entrante, tendré una buena ley para continuar expandiendo la atención médica a todos los estadounidenses”.

El procurador general de California, a quien el presidente entrante, Joe Biden, nominó como secretario de Salud para su administración, es hijo de madre inmigrante de Jalisco y aunque nació en Estados Unidos mantiene por herencia de sus padres una perspectiva muy parecida a la de los inmigrantes de primera generación.

Con esa perspectiva, el abogado hijo de mexicanos defenderá, si lo confirma el senado, la salud de 320 millones de estadunidenses en medio de la peor amenaza de salud en la historia de Estados Unidos.

Este es un retrato del fiscal de California y próximo cirujano general de la nación.

El padre del procurador de California, don Manuel Becerra, es originario de Sacramento, pero creció en Tijuana; se sentía más tijuanense que californiano y estaba más compenetrado con la cultura mexicana que con la estadunidense.

En un viaje a Jalisco en la década de los años cincuenta, don Manuel conoció y estableció una relación con la madre del fiscal general, María Teresa. Se casaron y se mudaron a Sacramento, donde el fiscal de California y propuesto secretario de Salud nació en enero de 1958.

Con escasos recursos, la familia vivía en un departamento pequeño en Sacramento. Xavier, el mayor, compartía la recámara con sus dos hermanos, y se las ingeniaba para estudiar bien. Pudo conseguir becas para estudiar derecho en la prestigiada universidad privada de Stanford.

Estudió jurisprudencia en Stanford, luego derecho en la Universidad de Salamanca, y luego economía en Stanford.

Mientras asistía a clases en la Universidad de Stanford en Palo Alto, California, el fiscal general conoció a la doctora Carolina Reyes, su esposa, una especialista en embarazos de alto riesgo que terminó la carrera de Medicina en Stanford y continuó estudios en la Universidad de Harvard.

El matrimonio Becerra Reyes se medó a Los Ángeles, donde el abogado Xavier Becerra comenzó por defender derechos de los inmigrantes y de los trabajadores.

Poco después sus seguidores lo impulsaron a que se postulara como candidato a congresista federal demócrata representante de Los Ángeles. Ganó y estuvo en el Cal[itolio por una década.

Por ese tiempo habían nacido las hijas del matrimonio Becerra Reyes, Clarisa, Olivia y Natalia.

Mientras Xavier Becerra pasada una década como congresista en Washington con frecuentes viajes a su distrito electoral en California, su hija mayor, Clarisa, decidió seguirle los pasos y estudió derecho.

La abogada Clarisa Becerra ha defendido principalmente los derechos de los inmigrantes en el Valle Central de California, el Valle de San Joaquín, donde cientos de miles de trabajadores agrícolas indocumentados sostienen la agricultura de California, una de las principales industrias del estado, que se traduce en 50,000 millones de dólares anuales.

En cuanto se supo que Donald Trump había ganado la elección en noviembre del 2016, el entonces gobernador de California, Jerry Brown, le llamó a Xavier Becerra y le dijo que se olvidara de Washington, que lo necesitaba en California para defender al estado y a los inmigrantes de lo que se esperaba con esa presidencia.

Menos de un mes después del triunfo de Trump, Becerra ya estaba en California y encabezaba lo que se llamó la resistencia, un movimiento que respondió legalmente a cada acto ilegal del presidente.

“Lo que dice el presidente lo tomo personal, tengo una esposa latina y tres hijas latinas”, dijo Becerra, en referencia a la campaña antiinmigrantes de Trump y su mofarse de “agarrar” a las mujeres por la entrepierna.

“Estoy aquí para defender a gente que se parece mucho a mis padres, a mi esposa, a mis hijas”, dijo.

Lo decía en serio. La resistencia se extendió hasta alcanzar hasta 23 estados del país cuyas fiscalías presentaban a menudo demandas conjuntas contra la administración Trump y contra el propio presidente.

Para agosto de este año, el fiscal general de California había presentado más de cien demandas federales contra el mandatario y su administración,  por una variedad de temas, desde proteger el medio ambiente y los derechos de los inmigrantes a demandar detener la construcción de muro.

Todavía esta semana mientras espera el cambio de puesto, Becerra presentó otras tres demandas contra la administración Trump.

En Washington algunos políticos dicen que Biden nominó a Becerra porque sentía la presión de la comunidad latina que quería ver latinos en el gabinete entrante y que Becerra es un abogado que dirigiría la salud pública.

Pero una de las principales promesas de la plataforma electoral de Trump en el 2016 fue que desmantelaría, “en el primer día de su gobierno”, la reforma de Salud conocida como Obamacare que otorga servicios de salud a más de 23 millones de personas, y fue Becerra quien lo impidió.

Con demandas, Xavier Becerra sostuvo activa la reforma de salud hasta ahora que el saliente presidente Donald Trump está por dejar el cargo y las demandas de Becerra, y ahora de otros, esperan turno para debate en la Suprema Corte de Justicia estadunidense.

Es la misma trayectoria que Becerra desea continuar como secretario de Salud.

En respuesta a reporteros esta semana, sobre su nominación que dependerá del senado, Becerra dijo “crucen los dedos, porque como secretario de Salud y Servicios Humanos entrante, tendré una buena ley para continuar expandiendo la atención médica a todos los estadounidenses”.