Horacio Rentería

Horacio.renteria@ellatino.net

SAN DIEGO.- La falta de entrenamiento y cultura de la población para hacer frente a eventualidades como ‘el apagon’ ocurrido la tarde del jueves 8 de septiembre, y el caos vial y social que el hecho provocó en las principales ciudades de San Diego, se puso de manifiesto.

La interrupción eléctrica, la mayor registrada en la historia de California, tuvo lugar a las 3.40 p.m. y dejó sin luz a 1.4 millones de usuarios del Condado de San Diego, y unos 5 millones en la región fronteriza, afectando a ciudades del sur del estado, parte de Arizona y Sonora, y las ciudades de Ensenada, Rosarito, Tijuana, Tecate y Mexicali, Baja California.

La reacción las autoridades y la población ante el incidente fue lenta y de desconcierto, pues en las primeras horas de la tarde, los comunicados de San Diego Gas & Electric (SDG&E) eran en el sentido de que desconocían las causas. Ante el desconcierto y la imposibilidad de que se pudiera seguir trabajando, los administradores y propietarios de los negocios instruyeron a que se cerraran los negocios y autorizaron a los empleados a regresar a sus casas.

Los noticieros hicieron un llamado al público a mantener la calma y allegarse los medios requeridos para casos de emergencia (como tener en casa baterías, lámparas, radios, alimentos, agua,etc.), lo que sólo motivó que la gente se aglomerara afuera de tienditas y mercados en busca de hielo, alimentos y víveres.

Las mayoria de tiendas de autoservicio más grandes como WalMart, Sears, Target, Mervins, cerraron sus puertas ya que ante la falta de energía no funcionaban las máquinas registradoras.

Mientrastanto, el caos vial generado en las ciudades fue a tal punto que jóvenes, solidarios con el momento y ofreciendo un gran ejemplo a los adultos, auxiliaron subiendo y bajando las barras de madera del Trolley de San Diego para el control del paso vehicular.

Asimismo fue notable la desesperación prevaleciente entre la población, y aunque los llamados de las pocas estaciones de radio que estaban operando era de que las personas no emplearan sus celulares para que no emplearan las líneas que usarían el personal de emergencia (bomberos, paramédicos, hospitales, etcétera), -ante la costumbre de usarlos- muchos desatendieron estas recomendaciones. Sin embargo, los celulares de algunas compañías dejaron en forma automática.

En encuesta con El Latino, varias personas como la señora Luz Aguilar reconocieron que la mayoría de la población no está preparada para enfrentar estas eventualidades, y destacó la preocupación de Alejandro García de cómo se reaccionaría si ocurriera una eventualidad mayor como la ocurrencia de un terremoto o un desastre mayor.

Cuando finalmente comenza a regresar, alrededor de las 10 p.m., los noticieros confirmaban a través de SDG&E, que el incidente fue provocado por una falla humana: un empleado de mantenimiento de una línea de transmisión de alto voltaje localizado en South Gila, al norte de la ciudad de Yuma, habría incurrido en un error que daño un trasmisor de alto voltaje, interrunpiendo el flujo eléctrico al sistema de transmisión de energía al suroeste estadounidense.

Sin embargo, el hecho también desnudó algo que ya es sabido y que sigue siendo un serio problema en el estado: la pobre infraestructura eléctrica, con subestaciones antiguas y obsoletas para responder a la gran demanda de la población que reside en una de las regiones más habitadas del mundo, sobre todo en horas ‘pico’ (de mayor consumo), con el agobiante calor de ese día, que obliga a encender el aire acondicionado en las empresas y casas.

Al final quedó una experiencia producto de una dura prueba para una población que no parece preparada para incidentes inesperados o eventualidades que en cualquier momento pueden ocurrir.