Transición que marca el paso “de niña a mujer”, cumplir 15 años en América Latina es un evento formal con familia y amigos y supone la entrada en sociedad con brillantina, chambelanes y vestidos de princesa. La niña se despide de los osos de peluche para celebrar que ya es una señorita con derecho a enamorado. Una “boda” prematura que se empieza a preparar un año antes.

Miles de adolescentes latinas sueñan con su fiesta de 15 años. Con suerte y dinero, ese día podrán lucir vaporosos vestidos con diez centímetros de tacón, para ver la vida desde otra perspectiva: la de quien empieza a modificar la dulce e ingenua mirada de niña por una mirada más pícara y adulta.

15 AÑOS EN CAPULHUAC.

Pero no solo estas deslumbrantes jovencitas son protagonistas en el día señalado. No. Los padres muestran orgullosos a sus retoñas y se visten de luces para la ocasión. Peluquería, modista, manicura, pedicura, nervios, regalos, catering, desembolso económico, reserva de local…Todo se empieza a preparar un año antes, cuando las niñas aún juegan con osos de peluche y al ver a un chico guapo ni se inmutan.

La celebración de los 15 años es una fecha muy importante para las mujeres de América Latina y para las de habla hispana radicadas en Estados Unidos. Se trata de un festejo solo superado en grandilocuencia, tal vez, por las nupcias.

El pueblo se llama Capulhuac, “Canal de capulines” en náhuatl. Está ubicado en el Estado de México y tiene 30.838 habitantes. Es un lugar pintoresco, con casas bajas de colores y cientos de puestos de tacos. De una casa baja salen risueñas y sin maquillar las cumpleañeras, que son primas entre sí y están muy unidas desde pequeñas. Diana Gutiérrez y Saray Enríquez están en Primero de preparatoria y Mónica Enríquez en Tercero de secundaria.

Ese día, las tres madrugan, desayunan y empiezan el “making of” de la fiesta. El programa del evento incluye una ceremonia en la iglesia de San Bartolomé Capulhuac. Las tres, colocadas frente al altar, escuchan el sermón de un cura aparentemente progresista. Aparte de recordar que a partir de ahora les tocará asumir mayores responsabilidades, brinda dos consejos, uno de carácter productivo y otro de carácter preventivo: estudiar una carrera, porque “es muy importante estar formado” y en segundo lugar, “no tener novio, que una persona no está realmente preparada hasta los 25 años, que es cuando uno ya tiene la cabeza amueblada”.

Acto seguido reciben la comunión y una medallita de oro cada una, previamente bendecida por el cura. Empieza así la parte menos religiosa de la fiesta.

Al banquete, preparado en un inmenso salón del centro del pueblo, llegan más de 800 invitados que van a degustar unos platos preparados con sumo amor por una de las primas mayores de las quinceañeras.

CHAMBELANES PROFESIONALES.

Las tres cumpleañeras coinciden en que el momento del vals ha sido uno de los más emotivos. Seis chambelanes contratados por las familias bailaron con ellas. Primero un baile clásico y una canción moderna elegida por las niñas: Grease y un tema de Lady Gaga.

Rabindranath Coyote tiene 19 años y es de Toluca. De profesión, chambelán profesional desde hace 4 años. Cuenta en entrevista con Efe que esta celebración es una tradición que ha ido cambiando. “Se trata de presentar a la niña ante la sociedad. Poco a poco se ha ido transformando. Ahora lo que más le gusta a la gente es el show, el espectáculo y el baile”.

La familia de las homenajeadas contrató los servicios de una agencia que se dedica a organizar este tipo de fiestas. Dicha empresa se encarga de publicitar sus servicios y la gente les contacta.

Con las primas ensayaron durante tres meses para unas coreografías elegidas de entre los más diversos géneros musicales, desde la cumbia, pasando por la salsa y el merengue hasta la música disco y retro. Todo al gusto del cliente.

Las tres niñas danzan con sus padres y padrinos bajo atentas miradas y, más tarde, los chambelanes bailan solos, dejando boquiabiertos a los invitados.

Llega el momento edulcorado. Un bizcocho, crema y relleno de fresas. Cada una de las niñas tiene su tarta con una muñeca que lleva puesto el color de su vestido. En el centro de la pista le dan un mordisco, suenan las mañanitas y se reparte el pastel entre un público hambriento.

ENDEUDARSE POR LAS NIÑAS.

Si bien es cierto que no todos los padres cuentan con el suficiente y holgado poder adquisitivo para organizar un cumpleaños de altos vuelos, casi todos hacen un gran esfuerzo y otros incluso se endeudan para concederles todos los caprichos a sus niñas.

En esta ocasión, aunque no brinden esa información, los padres de las tres primas han podido deleitarlas con una fiesta de alto copete. Una limusina que se quedó atascada, por cierto, en una de las calles angostas del pueblo; un cantante que imitó a Alejandro Fernández; un grupo de música y un lugar que hizo las veces de discoteca una vez llegada la noche, así lo demuestran.

En la fiesta hubo piña colada para bañar a las festejadas con sus primeras gotas de alcohol y, de regalo para los invitados, zapatillas con el nombre bordado de las cumpleañeras, un neceser y un joyero.

Para rematar y para aprovechar, los padrinos, los padres y la familia cercana se reunieron al día siguiente para comerse lo que había sobrado. En este caso acudieron alrededor de 70 personas y hubo banda de música. Se preparó cochinita pibil, plato típico mexicano.

Y es que en toda fiesta de 15 años, los padres presentan a sus pequeñas en sociedad, ante otros padres y otros jóvenes, como “mi señorita hija”. Algunos padres les dan, incluso, licencia para acudir a fiestas o al cine con amigos sin la supervisión de un adulto.

En América Latina, la tradición permite que las antaño niñas comiencen a ponerse pintalabios o máscara de ojos al tiempo que van notando la madurez corporal. A muchas recién llegadas a la etapa adulta les llega incluso el primer e intenso amor.

Mireya Enríquez, madre de Diana Gutiérrez, habla de otro tipo de amor. El de madre. “La importancia de esta fiesta es estar en familia y en demostrarle el amor, el cariño y el respeto a mi hija. Desde que vino al mundo es lo mejor del mundo. Esto infunde respeto porque la estamos dando a conocer a la sociedad”, comenta a Efe en medio del bullicio de la fiesta.

PRINCESAS POR UN DÍA.

Para ella, ver a su hija ese día ha sido de “una emoción inexplicable. Quieres llorar de alegría al verla hecha una mujercita y dejando atrás su infancia. Aunque para mí, como madre, siempre va a ser mi niña”.

Saray Enríquez, de 15 años, está muy nerviosa aunque es consciente del amor desplegado por sus padres para organizarle esta fiesta sin piñata. Viste un traje azul con bordado dorado, escote palabra de honor y lleva una corona. “Creo que mis papás lo hicieron todo con mucho amor y me divertí bastante. Lo más emocionante ha sido todo y lo he disfrutado todo mucho”.

Su padre, Rogelio Enríquez, también está emocionado. “La finalidad de esta fiesta es una unión de familia y amigos. Se ha preparado con la cooperación de todos y con mucho amor porque somos una familia muy unida”, comparte al tiempo que recomienda que se mantenga la tradición.

Pero quien más lo ha disfrutado ha sido Diana Gutiérrez, la ‘nueva señorita’ ataviada con un vestido color marfil y lazo azul añil. “Para mí es un sueño hecho realidad que siempre había tenido desde pequeña. Es como un cuento de hadas, algo mágico. Ha sido mucho mejor de lo que yo esperaba”, comenta extasiada.

El momento más emocionante, dice, ha sido bailar el vals con su padre. “Me ha dicho que le eche ganas y que valore todo lo que se me ha dado. Mi sonrisa lo dice todo. Hoy he sido princesa por un día”.

Solo queda entonces ir a por los 16 años disfrutando el día a día, que “ni todas las brujas llevan escoba, ni todas las princesas llevan corona”.

Por Claudia Munaiz.

Fotos: Asela Viar.

Efe/ Reportajes.