CHULA VISTA.- Hasta que cumplió los 20 años Iris García se dio cabal cuenta de que las cicatrices en el cerebro, algunas causadas, en parte, por la severa disciplina a la que, desde pequeña, era sometida por parte de sus padres, es la causa de la epilepsia que padece.

En una entrevista con El Latino de San Diego, Iris explicó por qué se decidió a tener con ella a Olie, su fiel perro de servicio, que la cuida y siempre la acompaña.

“Mi médico me lo aconsejó”, dijo, “porque me dan ataques epilépticos y por más de tres años, no pude manejar (un vehículo) porque estaba lastimada y no puedes estar atrás de un volante, si te están dando ataques. Pierdo la conciencia”.

“Esta enfermedad no parece peligrosa hasta que algo te pasa. Te puedes quebrar el cuello, subir escaleras, bañarte , dormir y hasta tu almohada puede ser un riesgo. Y yo cada vez que me caía y me lesionaba, me tenían que coser la cabeza”, advirtió.

“Y fuera de la enfermedad”, continuó García, “el público también es bien peligroso. Me pasó durante el tiempo en que yo iba al Colegio y tomaba el tren a la escuela. Me daban ataques y me robaban la cartera, pues no tenía conciencia”.

“Mis ataques son por la electricidad cerebral (estímulos neuronales); ahora los tengo controlados con medicamentos, con dieta y con ejercicio. Así que yo cuido mucho mi salud, tomo mis medicamentos y tengo a Olie”.

Muchas personas no saben realmente lo que es una persona enferma; me ven a mí y creen que soy completamente de buena salud y no entienden lo que realmente está pasando, así que realmente siempre están juzgando, aclaró.

Sobre su perro de servicio indicó que el nombre le fue puesto por su entrenador; el supervisa su conducta y confirma “que hace el trabajo correctamente para pasar sus exámenes”.

Sin embargo, no todo es “miel sobre hojuelas” para Iris respecto a Olie, pues ya tiene 7 años de edad, la máxima que un perro de servicio como el suyo puede tener para cumplir su trabajo, por lo que en abril del 2019 tendrá que decirle adiós, como perro de servicio y buscar su reemplazo.

Y al preguntarle que va a pasar, entonces, con Olie afirmó: “él se queda conmigo, pero no como un perro de servicio. Sí tengo que agarrar otro, porque cuando llega a una edad, ya no puede hacer el mismo servicio y su propósito es ayudar a la gente”.

“Realmente Olie es mi ángel,  pues me ha dado libertades que no tenía ante;, porque tenía miedo de salir por los daños que ocurrían afuera, porque me podía lastimar”, señaló en otra parte de la entrevista.

Hoy en cambio, continuó Iris García, “puedo ir a un lugar, acostarme sin lastimarme; ya no tengo moretones por todas partes del cuerpo, porque tengo a mi perro ayudándome, asistiéndome”.

Al precisar que los perros de servicio “no se deben de tocar”, recordó que además de los perros de servicio, que sirven a las personas invidentes, sordomudos, con diabetes, parapléjicos o epilépticos como ella, etcétera, están los llamados perros terapia que son “para personas que tienen problemas emocionales”, pero que están sujetos a ciertas restricciones como no entrar a restaurantes, hoteles y ciertos lugares públicos.

Sobre los perros de servicio que apoyan a los agentes de inmigración en las garitas, para la detección de drogas y de terroristas por la policías locales, estatales y federales, aclaró que en este caso son perros de gobierno, pero a diferencia de Olie, que lo pueden tocar los niños y los adultos, bajo su orden, “a ellos yo si les tendría miedo tocarlos, porque si lo haces,  a lo mejor te muerden”.

La historia verídica del idilio entre Iris y Olie no podría tener un final más feliz que recordar que es Embajador de la Cámara de Comercio Hispano del Condado de San Diego y apoya a diversos programas institucionales locales como “One San Diego”, que su dueña describe como un can chiqueado y” mal acostumbrado”, porque ha tenido ‘acceso’ a un sinnúmero de eventos donde ha sido objeto de reconocimiento.